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Entrevista a la nueva directora del Instituto Universitario de Estudios de Migraciones de Comillas
"Vincular inmigración y delincuencia demuestra un desconocimiento del fenómeno migratorio". Mercedes Fernández es la sucesora de Alberto Ares, sj. al frente del Instituto Universitario de Estudios de Migraciones (IUEM) de Comillas.
No es nueva en estas lides, pues ya dirigió el instituto entre 2012 y 2018. Una entidad necesaria en un mundo de "fronteras líquidas" en el que "las tecnologías de la información y la comunicación, el transporte y la injusticia están globalizados". "Las migraciones han existido por diversas causas a lo largo de la historia, pero en el mundo actual (y en el futuro) son (y serán) una cuestión generalizada", sostiene.
Un reto y un motivo para dar gracias. Tuve la suerte de dirigir el IUEM entre 2012 y 2018. Que mis superiores me hayan considerado para estar al cargo de este centro de nuevo es un honor pero, a la vez, una gran responsabilidad.
Es un instituto de investigación en materia de migraciones en una universidad de la Compañía de Jesús. Esto es muy importante, dado que el acompañamiento a los migrantes es una de las prioridades apostólicas de la Compañía en el siglo XXI.
Estamos en un mundo de fronteras líquidas en el que las tecnologías de la información y la comunicación, el transporte y la injusticia están globalizados. Las migraciones han existido por diversas causas a lo largo de la historia, pero en el mundo actual (y en el futuro) son (y serán) una cuestión generalizada.
En cuestiones coyunturales y de crisis, acoger; tenemos sitio y medios de sobra, pese a lo que digan algunos agoreros. En cuestiones estructurales, trabajar en soluciones de largo plazo, en origen (luchando contra estructuras corruptas y ayudando a la buena gobernanza) , tránsito (promoviendo rutas seguras) y destino (favoreciendo la integración y la cohesión social).
Entiendo a Comillas como parte de la Iglesia en sentido amplio. El trabajo con los migrantes ha de abordarse desde varios frentes: Comillas es una universidad de la Iglesia, con lo que la defensa de los migrantes debe hacerse desde una investigación y docencia rigurosas que nos lleven a dar una respuesta de reflexión profunda. A otro tipo de instituciones como las ONGs les toca trabajar sobre el terreno, desde la intervención o desde la advocacy. Y luego están las cuestiones de pastoral, desde las parroquias. Desde mi punto de vista una clave del éxito está en la gestión integral de las migraciones abordando las mismas desde los diferentes flancos; con una misión común que es conseguir que estas personas se incardinen en nuestra sociedad como ciudadanos de primera, con todos sus derechos, oportunidades y obligaciones.
Ahí me temo que la respuesta que doy es pragmática: se trata de una cuestión geopolítica (pensemos en el Sáhara, en Argelia, en los bancos de pesca, en que Marruecos es el primer emisor de emigrantes a España a la vez que hace de dique de contención de la migración subsahariana, en que es un país islámico moderado –de momento-….por poner algunos ejemplos), histórica, que requiere y seguirá requiriendo mucho andamiaje diplomático. No sólo por parte de España sino también por parte de la Unión Europea.
SJM, institución jesuita que agrupa a diversas ONGs de la Compañía dedicadas al acompañamiento de los migrantes, publica periódicamente informes sobre la situación de estos centros de internamiento. Las conclusiones son claras y ponen de manifiesto la escasa efectividad (y el alto coste en términos de sufrimiento de las personas) de estos centros. Se priva de libertad a las personas por el mero hecho de estar en situación de irregularidad administrativa. Las repatriaciones no llegan a la mitad y el resto de los internos son puestos en libertad cuando se cumple el plazo máximo establecido por ley. Las condiciones de estancia no siempre son las adecuadas. Como dice nuestro último informe (Informe CIE 2020, Razón jurídica y sin razón política), toda esa inversión que se está haciendo podría destinarse a la creación de otro tipo de dispositivos en régimen abierto.
Desde mi punto de vista, subyacen varias incongruencias en ese discurso:
1) Casa muy poco que partidos que se autodenominan cristianos y defensores de los valores occidentales se muestren así de “selectivos” a la hora de acoger (cuando el número de acogidos, encima, es anecdótico).
2) Vincular inmigración y delincuencia demuestra un desconocimiento del fenómeno migratorio; si esto es intencionado, malo, porque están mintiendo; si es por ignorancia, peor, porque tienen los medios y no se documentan.
3) Si una sociedad posee una identidad fuerte, no tendría por qué temer “invasiones” de otras culturas. Amenazar con supuestas invasiones en lugar de reflexionar sobre nuestras fortalezas como una sociedad rica, desarrollada y necesariamente diversa es de todo punto manipulador.
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