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La presidenta de Manos Unidas teme que la pandemia resulte "catastrófica" para los más pobres
"Estamos muy pendientes de la situación en los países en los que trabajamos, porque la aparición de este virus en estos países empieza ya a ser catastrófica y eso es algo que nos preocupa muchísimo". Clara Pardo, presidenta de Manos Unidas, mira un poco más allá de las paredes de su casa, de la casa de nuestro primer mundo. El coronavirus es una enfermedad global, que lamentablemente acabará dejando sus consecuencias especialmente entre los más vulnerables.
Por eso, desde la ONGD de la Iglesia han lanzado una campaña de emergencia por las víctimas de la pandemia en Asia, África y América, sin dejar de trabajar con los afectados de aquí. Hablamos con ella.
En Manos Unidas lo vivimos con una doble preocupación, por un lado, en España viviendo todos estos días de confinamiento, asumiendo nuestra parte de responsabilidad para conseguir que este virus que tanto dolor e incertidumbre está dejando en nuestra vidas desaparezca lo antes posible, procurando cuidarnos unos de otros, y por otro lado, muy pendientes de la situación en los países en los que trabajamos, porque la aparición de este virus en estos países empieza ya a ser catastrófica y eso es algo que nos preocupa muchísimo.
Hemos intentado desde el primer momento mantener la normalidad en nuestro trabajo lo más posible, y gracias a la responsabilidad y colaboración de todos, creo que lo estamos consiguiendo. Tanto desde Servicios Centrales como desde nuestras delegaciones estamos teletrabajando y atendiendo a nuestros socios, colaboradores y todos aquellos que nos llaman pidiendo información, hemos perdido una parte importante de nuestro trabajo como es la celebración de actividades orientadas a la sensibilización, pero hemos potenciado nuestra presencia en los medios, principalmente las redes sociales para dar a conocer la situación de los países del sur. De igual forma hemos pasado a canalizar nuestra ayuda en forma de emergencias que nos están llegando con motivo de esta pandemia, junto con nuestros habituales proyectos de desarrollo. En resumen, hemos intentado adaptar nuestro trabajo a la situación y los recursos disponibles para que la sociedad sea consciente de que seguimos trabajando con más intensidad que nunca.
Ahora mismo, estamos en contacto permanente con los socios locales de los países en los que trabajamos, para conocer la situación, que, os aseguro, es muy preocupante. Las principales emergencias se encuentran en el terreno sanitario (infraestructuras extremadamente débiles, carencia de medicamentos, de personal sanitario y de centros adecuados donde tratar a estos enfermos de manera segura).
Por otro lado, nos preocupan sobremanera las consecuencias de las medidas de confinamiento y de cierre de fronteras, decretados en la mayoría de los países, que, por ejemplo en países como India, están causando una emergencia alimentaria que, si no se le pone freno cuanto antes, se convertirá en una auténtica catástrofe para millones de personas.
A día de hoy, las emergencias que llevamos realizadas en apenas un mes, están dirigidas, fundamentalmente, a la compra de material sanitario básico para hospitales y centros de salud y también de reparto de alimentos entre los más vulnerables.
Como suele ocurrir, aquellos colectivos que ya vienen afectados por la pobreza, el hambre y la marginación verán su situación agravada en mayor proporción. Si estos colectivos ya arrastran la falta de agua, de una alimentación de calidad o acceso a la sanidad en situaciones normales, imagina cómo será en esta situación de caos total. A través de las emergencias que apoyamos, intentamos paliar esta situación especialmente entre los refugiados, los indígenas, las mujeres, los niños, sobre todo los que viven en la calle y los ancianos.
Sin duda alguna. Hay que tener en cuenta que los países del Norte están muy afectados por esta pandemia, la crisis económica a la que se verán enfrentados en los próximos meses y posiblemente 2-3 años, afectará seriamente a las ayudas que prestan a los países del Sur. En estos momentos, es cuando las ONG, como Manos Unidas, debemos incrementar la labor de sensibilización entre la sociedad civil para recordar que ahora más que nunca la ayuda a los países del Sur es vital para que ellos también puedan recuperarse. Debemos salir adelante entre todos sin dejar a nadie atrás. ¡La solidaridad no puede detenerse en nuestras fronteras!
En África se vive con mucha preocupación desde el principio, hay que tener en cuenta que en los países africanos las infraestructuras sanitarias son totalmente precarias y que en la mayoría no están capacitados para hacer frente a una pandemia de estas características, con miles de infectados que tendrían que recorrer grandes distancias para acudir a un hospital o un centro de salud que con toda seguridad no dispondrá de las instalaciones necesarias, medicamentos, ni de personal sanitario preparado y de una población que apenas tiene acceso al agua y menos aún a una pastilla de jabón. Por eso, desde el primer momento fueron mucho los países que decretaron el confinamiento de la población y el cierre de las fronteras para evitar el contagio masivo. Además, este confinamiento ha traído consigo por un lado, un aumento abusivo de los precios de los alimentos y por otro, que miles de personas que se ganaban el sustento con pequeños trabajos se hayan quedado de la noche a la mañana en la calle sin nada, sin posibilidad de tener ingresos, lo que se traduce en un aumento del hambre, especialmente en las miles de barriadas que se extienden alrededor de las ciudades y donde se hacinan miles de personas en condiciones de pobreza extrema que verán agravada su situación actual. Esto podría llevar, dicho con toda crudeza, que la población más vulnerable se va a ver obligada a elegir la enfermedad o el hambre. Por eso la ayuda de todos ahora es más necesaria que nunca.
Quiero pensar que saldremos más humanos. Me explico: desde hace unos años, en la sociedad española, al igual que en la del resto de países occidentales, nos hemos visto inmersos en una actividad incesante que apenas nos dejaba tiempo para nada que no fuera trabajar y consumir. A las personas se las valoraba en función de lo que tenían, lo que nos condujo a un gasto desmedido y desproporcionado en todos los sentidos. Como nos recuerda el Papa, esto ha hecho enfermar gravemente a nuestro planeta. La llegada de este virus, ha paralizado el mundo entero de golpe, nos hemos visto obligados a quedarnos en casa, a parar, no poder ver a nuestros seres queridos y lo que es aún peor, no poder estar con ellos en sus últimos momentos. De pronto, todo lo que pensábamos que era vital e imprescindible, parece haber perdido totalmente el sentido, hemos comenzado a dar mucha más importancia a aquellos gestos que antes, hace poco tiempo, ni siquiera les prestábamos atención. ¿
Y, sin embargo, ahora mismo, qué no daríamos por un abrazo, un apretón de manos, un beso o una sonrisa? En este momento estos pequeños gestos tienen un valor especial y único.
Creo sinceramente que debemos aprender esta lección de vida, no somos dioses, ni imprescindibles; todo lo contrario: la Naturaleza nos ha demostrado que algo tan pequeño como es un virus, puede arrasar con nosotros por completo y la vida seguirá adelante.
En esta situación, la Iglesia juega un papel fundamental, al tener conciencia de nuestra vulnerabilidad, muchas personas han vuelto a sus creencias, a su fe olvidada en un rincón para orar y buscar un consuelo, una esperanza y en algunos casos hasta una explicación. Han aparecido los gestos solidarios y la entrega de unas personas para salvar a otras, la generosidad de muchos que ponen su vida al servicio de los demás sin importarles el riesgo.
Es en estos momentos cuando la Iglesia se hace más presente que nunca acompañando a los enfermos, consolando a los que sufren, escuchando a los que están solos, aportando un rayo de esperanza en todos nosotros, enseñándonos que el Señor nunca nos ha abandonado y sigue caminando junto a nosotros, incluso en estos momentos tan oscuros, como muestra de su infinito amor por el ser humano.
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