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El secretario general de Cáritas Jerusalén traza la "pesadilla" diaria de los gazatíes
“Llevamos pidiendo el alto el fuego desde hace 15 meses, y ahora lo tenemos. Es una tregua frágil y sigue costando vidas, tanto en Gaza como en Cisjordania”. El secretario general de Cáritas Jerusalén, Anton Asfar, puso negro sobre blanco la situación que se vive en una Tierra Santa asolada por la guerra y la violencia, durante un encuentro en la Cáritas hermana, la española.
“Desde el principio de la crisis, el trabajo de Cáritas no se ha detenido en todo el territorio”, incidió Asfar, quien agradeció el trabajo del centenar de trabajadores de Cáritas Jerusalén en Gaza, además de decenas de voluntarios, que trabajan en condiciones muy precarias, y peligrosas. “Todos tienen familiares heridos, o han sido retenidos o desplazados, están asumiendo las consecuencias en lo personal”.
Los cristianos que trabajan en Cáritas se mudaron, durante la crisis, en la parroquia católica de Gaza, y en San Porfirio, el templo ortodoxo bombardeado por Israel. Cáritas tiene un centro médico al lado de uno de los campos de refugiados más afectados por los ataques israelíes, pero trasladaron sus equipos a las dos parroquias, para seguir curando a los enfermos que llegaran a estos lugares sagrados, que en principio debían quedar al margen de los bombardeos. No se libraron, aunque esperan que "a finales de esta semana puedan volver los trabajos normales". Algo complicado, porque, añadió, "es casi un milagro encontrar cemento o materiales".
Con todo, Cáritas es de las pocas instituciones que ha seguido trabajando en la ciudad de Cáritas, pese a las dificultades y los bloqueos. Y la muerte: "En octubre perdimos a una persona en los bombardeos. Una mujer, joven con familia, con un bebé, y que murió en el bombardeo de la iglesia (de San Porfirio)" recordó, emocionado, ante la muerte de una compañera que "encarnaba el lema de Cáritas: Ponemos el amor en acción". En ese ataque, murieron 18 personas. "Eran cristianos, trabajadores, inocentes". Otros trabajadores, y médicos, de la asociación, han resultado heridos durante todo este tiempo.
Pese a las ayudas que llegan, "las necesidades son inmensas. Las ayudas humanitarias con una gota en el océano", clamó el secretario general de Cáritas Jerusalén, quien desgranó la inexplicable falta de alimento, agua o artículos sanitarios, que se multiplican con el bloqueo de los puntos de acceso por parte de Israel. "Esto se traduce en riesgo para la vida de muchos".
"Para muchos es una pesadilla de la que no pueden despertar. Es una pesadilla que no termina cuando abren los ojos", recalcó Asfar. "Cuando caminas por Gaza solo ves destrucción", casas destruidas, ganado muerto. Al no haber sistema de saneamiento adecuado, se multiplican las enfermedades. "Ya estamos hablando de hambruna, tienen que parar las armas", clamó. "Hay comidas para una semana y medicinas para un mes. no entra combustible".
Por su parte, Pablo Reyero, responsable del trabajo de Cáritas Española con Tierra Santa, reivindicó la labor llevada a cabo en los últimos años, y especialmente durante la crisis. En 2024 Cáritas ha aprobado 1,5 millones de euros para Cáritas Jerusalén, provenientes de fondos públicos y privados.
"Gaza es nuestra tierra, ellos dicen que se van a quedar", zanja Asfar, quien admite que ha descendido radicalmente el número de cristianos. "No soy un activista de los derechos humanos, no soy un político, pero creo que el plan de Trump no se puede aplicar en Gaza si se tiene en cuenta la voluntad de los habitantes", insistió. Los gobiernos de Oriente Medio tienen clara su postura, así como el sentir del mundo árabe: "No hay intención de acoger a refugiados palestinos en sus territorios, como sí hicieron en 1948".
"La cuestión palestina fue olvidada durante décadas, tal vez la comunidad internacional no ha presionado lo sufciiente, pero lo que hacemos como Cáritas es trabajar por la paz y promover la justicia. Intentamos trabajar desde una perspectiva comunitaria. Estamos intentando canalizar el enfado y la frustración de la población". Es preciso, concluyó, una "respuesta duradera".
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