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"En cada asesinato, Dios es violentado (...) Tolerancia cero hacia el maltrato y los agresores"
Una campanada, un nombre. Una campanada, una historia. Una campanada, una mujer asesinada, unas familias rotas. Campanadas de dolor, de muerte, de gritos ahogados por la violencia machista. Las campanas de Madrid tañeron por las mujeres asesinadas a lo largo de este año, 41. Y un grito, ya no tan callado, de resistencia, sororidad y compromiso, en una emocionante vigilia-oración-denuncia que contó con la presencia del cardenal de Madrid, Carlos Osoro.
“La Archidiócesis de Madrid, en nombre de Dios y de toda su Iglesia, dice no a la violencia machista. Hoy queremos alzar una voz firme y unánime contra toda forma de violencia y discriminación contra las mujeres”, subrayaron las moderadoras del acto, organizado por la Comisión Diocesana para una Vida Libre de Violencia Contra las Mujeres.
Y un mea culpa, que atronó en el salón de la Calle de la Pasa. "En la Iglesia tenemos a no pocas mujeres maltratadas, y también a maltratadores", admitió Julia Almansa, coordinadora de la comisión.
Durante la vigilia, se quiso “poner en manos de Dios estas y tantas vidas que sufren las consecuencias de la violencia de género, a la sociedad misma que tanto tenemos que hacer para seguir avanzando, y a esta iglesia nuestra, que tiene que ser un espacio seguro para todas las mujeres y una defensora a ultranza de nuestra dignidad, luchando contra toda forma de violencia, sea física, emocional, estructural o económica”.
Tras los saludos iniciales, Inés y Aurora mostraron una foto descriptiva de la situación que viven las mujeres en el mundo, y de cómo han empeorado a raíz de la pandemia. El confinamiento ha traído “otro peligro mortal”, explicaron las participantes en el evento.
Y es que, en todo el mundo, hasta el 70 % de las mujeres experimentan algún tipo de violencia a lo largo de su vida y una de cada tres lo sufre física o sexualmente, según los datos de la ONU citados por la diócesis.
Desde que se creó el registro en 2003, en España se han contabilizado hasta la fecha 1.074 víctimas mortales por violencia de género, según la Delegación del Gobierno para la Violencia de Género. 775 niños quedaron huérfanos
Asimismo, en España, el 40,4 % de las mujeres ha sufrido acoso sexual a lo largo de su vida, y el 34,2 % lo ha recibido por parte de sus parejas o exparejas, según la Macroencuesta de Violencia contra la Mujer 2019 publicada en septiembre.
Desde que se creó el registro en 2003, en España se han contabilizado hasta la fecha 1.074 víctimas mortales por violencia de género, según la Delegación del Gobierno para la Violencia de Género. 775 niños quedaron huérfanos.
Tras los datos, las propuestas. Julia Almansa subrayó que el de la violencia “es un problema estructural. Jesús es contundente: yo he venido para que TODAS tengáis vida, y vida en abundancia. Un posicionamiento transgresor. Jesús se posiciona, y nos pide que nos posicionemos contra la violencia que sufren las mujeres”, como hizo Francisco, como ha hecho la diócesis, lamentando “la violencia como la máxima expresión del poder y de la desigualdad, que hunde sus raíces en los excesos del patriarcado”.
“En la Iglesia tenemos a no pocas mujeres maltratadas, y también a maltratados. No nos es lícito apartarnos de sus cruces, sino ayudar a desclavarlas y denunciar a los hombres que sin escrúpulos las han clavado en ellas”, denunció Almansa, quien urgió a “un compromiso por la erradicación de la violencia, que afecte a nuestras conciencias, a nuestros lenguajes, que nos incorpore como una Iglesia en camino”.
“En la Iglesia tenemos a no pocas mujeres maltratadas, y también a maltratados. No nos es lícito apartarnos de sus cruces, sino ayudar a desclavarlas y denunciar a los hombres que sin escrúpulos las han clavado en ellas”
Así, se reclamó un “decálogo de buenas prácticas” en la Iglesia de Madrid, para “nombrar al pecado por su nombre”, pues “la violencia contra las mujeres no está permitida por Dios”. Citando a Pepa Torres, Almansa apuntó que “en cada violencia, en cada asesinato, Dios es violentado en lo más íntimo de sí mismo”.
“Vivamos con tolerancia cero el maltrato y hacia los agresores. Tomemos partido como cristianos y cristianas, sin justificar ni minimizar, sin ser cómplices silenciosos”, porque “el amor se hace intolerable a la injusticia”, y porque es necesario “introducir este pecado en nuestra liturgia”. Por ellas. Por todos.
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