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Decía Dom Hélder Cámara, obispo de Recife-Brasil, con la sencillez del hombre curtido por la vida y con la humildad del santo y del sabio que vive de lo más esencial: “ Cuando doy de comer a los que tienen hambre, dicen:- Dom Hélder, ¡es un santo!. Pero el día que pregunté: -¿Por qué no tienen para comer? Entonces dijeron: -Dom Hélder es un comunista.”
Durante muchos años me preocupé y ocupé del mundo de los pobres, de los que me encontraba en el camino de la vida y que habían quedado sin oportunidades y con la moral y su dignidad pisoteada: privados de la posibilidad de vivir como personas. Y eso, a la vista de los otros estaba muy bien. Era una tarea discreta, ¡que no incomodaba a nadie, porque no hacía ningún ruido.
Pasaron los años, me dediqué a la vida contemplativa, contemplando, desde la plataforma privilegiada que es un Monasterio, la historia y las historias de las personas. Estudiando, orando, y escrutando. Y comencé nuevamente a preguntarme y a sentir la urgencia de Jesús en el Evangelio: “El Espíritu del Señor me ha ungido y me envía a anunciar la Buena Noticia a los pobres, la libertad a los cautivos, la vista a los ciegos, y a proclamar un año de gracia”. Y me dejé llevar por la fuerza imparable del Espíritu.
Y en medio de una crisis tremenda, que roba el pan de los hijos de los pobres y el techo y las oportunidades a miles de personas, nos movilizamos. Y junto a muchas personas, la mayoría hasta hace unos años desconocidas, decidimos arremangarnos los brazos y movilizar los bolsillos y las conciencias; optamos por embarcarnos en la aventura de plantar cara a la impunidad y dejarnos de discusiones inútiles y de echar las culpas a los políticos, a los empresarios y a los otros. Descubrimos que nada cambia tanto el mundo como el cambio de uno mismo. Que vale más hacer que perdernos en inútiles discursos.
Y fuimos sumando complicidades, uno dos, tres, hasta casi un centenar de voluntarios. Y nos decidimos a escuchar a las personas y a intentar darles según sus necesidades y reclamos… Un equipo magnífico de gente, muchos jóvenes, y algunos mayores con buen espíritu y muchas iniciativas, se sumaron a nuestro proyecto. Y cuántos más éramos, ¡y cuánto más somos!, vamos descubriendo nuevas necesidades, nuevas propuestas, nuevas alternativas….
Lo explicamos. Nos preguntamos en voz alta por qué, y mostramos el rostro concreto de la crisis. Y llamamos a la corresponsabilidad. Y muchos, muchísimos respondieron. Otros, unos pocos, se sintieron incómodos y os mandaron mensajes.
No tenemos tiempo que perder. No hay lugar para el pesimismo ni el desánimo, ¡hay tanto que hacer! …
Y mucha gente, y muchas empresas, y una gran cantidad de personas, cada día engrosan las filas de los que creemos en un mundo mejor.
¡Cuánta sabiduría tenía Dom Hélder!
Hemos decidido no perder ni un segundo en juicios, prejuicios y post juicios… Y seguir trabajando con alegría en medio de una situación dura que sabemos será larga: Nosotros creemos en la vida; creemos que la injusticia y la maldita crisis, no tienen la última palabra: La última palabra la tenemos cada uno de los que estamos dispuestos a dar lo mejor de nosotros mismos para que la esperanza no nos pueda fallar. No estamos solos. Nos mueve a todos un mismo Espíritu, una misma fuerza, el mismo deseo de dejar este mundo un poquito mejor de cómo nos lo encontramos.
GRACIAS, VOLUNTARIOS, AMIGOS, PATRONOS, COLABORADORES DE LA FUNDACIÓN ROSA ORIOL.
Gracias por estar ahí y por ayudarnos a creer que ¡todo acabará bien!
www.fundaciorosaoriol.org
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