"Escucharlo me confirma en la certeza de que el Espíritu Santo sigue guiando a la Iglesia"
El Papa León: Padre y pastor, profeta y hermano
Por fin, y después de mucho tiempo el libro “Mi Claustro es el mundo” mañana será presentado en Barcelona.
Jordi Nadal, Director general de Plataforma editorial me lo pidió hace un año y medio, o dos años que escribiera, que explicara lo que hacía, cómo vivía: lo que quisiera. Me costó comenzar a hacer memoria, pero pronto descubrí que era un ejercicio saludable, y hoy veo que ha sido una especie de confesión pública de mi fe y de mi esperanza, y no puedo menos que ofrecer, con gratitud lo vivido, lo compartido, lo amado, lo vivido. Todo, absolutamente todo ha sido la oportunidad para enamorarme más de la vida y descubrir los maravillosos compañeros de camino, los hermanos y hermanas con los que Dios me bendice.
Es un libro para ser leído con la libertad con la que ha sido escrito y para contemplar, más allá de lo anecdótico, cómo la pasión por la humanidad se impone y la causa de la justicia y la paz se hacen carne de mi carne y vida de mi vida.
Pido a los martillos de hereje, abstenerse de leerlo, y a los que buscan encontrar la vida ejemplar de una “monjita de clausura”, que se olviden de mí, de mi claustro y de mi mundo, y que sigan su camino. No quiero confrontaciones, me resbalan y son una pérdida de tiempo.
Pido a los hombres y mujeres de corazón limpio y a los que aman la vida y creen que entre todos podemos hacer un mundo más bonito y más habitable, que entren en mi historia, que se hagan compañeros de camino, que se sumen a mi causa que es la causa de la humanidad y la del Maestro y amigo de Nazaret que logró seducirme y hacerme vibrar por su proyecto de liberación.
He dejado hablar a mi corazón. He contado mi historia y he compartido mi vida. Reconozco que también he desnudado mi alma y que en estas páginas está Sor Lucía en estado puro: sin dobleces, engaños ni barnices. He querido ofrecer lo que tengo y lo que soy, y entonar a todo pulmón y con una gran alegría, un canto de gratitud a aquellos que me dieron la vida, a aquellos con quiénes aprendí a compartirla y a celebrarla, y sobretodo, a aquellos con los que comparto sueños, pasiones y compromisos.
Quiero que mi vida siga estando expropiada para utilidad pública, quiero vivir para servir, y quiero ser feliz y hacer felices a los demás.
Ahora que ya he escrito, siento que voy más ligera de equipaje. Que el paisaje del camino me enamora, que la cima me seduce y que el fuego que llevo dentro es el que me hace necesaria e imperiosamente arder, con el deseo de dar a nuestro mundo un poco más de calor, un poquito más de luz.
Mi claustro es el mundo, y me gustaría que tenga las dimensiones infinitas del corazón del Dios de la vida, y que nada ni nadie limite su infinito horizonte, en el que descubro que la vida vale la pena si se vive para amar y para servir.
Os espero en cada página, en cada rincón, en cada recoveco de mi claustro y de mi mundo.
¿Os atrevéis a entrar? Deseo que os sintáis como en casa.
También te puede interesar
"Escucharlo me confirma en la certeza de que el Espíritu Santo sigue guiando a la Iglesia"
El Papa León: Padre y pastor, profeta y hermano
Una pacifista que conoce la guerra
Sor Lucía Caram: "Prepararse para defender la paz no contradice el pacifismo"
Corredor humanitario 31 a Ucrania: "La libertad siempre tendrá un precio, pero nunca dejará de valerlo"
La resistencia de un pueblo en medio del horror de la guerra
"Les escribo con fe para hacerles una petición muy especial"
Mi 'Carta a los Reyes Magos': "Que pueda llevar las ambulancias a Ucrania, donde más se necesitan"
Lo último
La sabiduría del corazón
Corazón pensante para humanizar
Cuidar cuando no se puede curar
Nunca incuidables
Morir humanamente, morir acompañado
Morir con dignidad
Sanar, acompañar, humanizar
Medicina y cuidado