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Deliberadamente he querido esperar unos días para comentar las desagradables imágenes del periodista de la Cadena Cuatro y CNN, Manolo Lamas incitando a la afición del Atlético de Madrid, mientras se burlaban de un mendigo que miraba con una cara de asombro lo que ocurría a su alrededor.
“Un mendigo”, mejor dicho, una persona que se encuentra excluida, en las márgenes de la sociedad, en una situación de marginación, tuvo que aguantar los escarnios de un periodista y de un grupete de hinchas, que esperaba que alguien le riera sus gracias.
Yo me pregunto: ¿Qué hubiera pasado si un “mendigo” se hubiera “burlado” del periodista y sus “amiguetes de turno”? Seguramente el pobre mendigo hubiera pasado la noche en un calabozo y la noticia hubiera sido condimentada a gusto de los “protagonistas”… Y los mendigos más estigmatizados aún.
Gracias a Dios esa actitud provocadora, y me atrevo a calificar de burda, o superficial, no es lo que más abunda en nuestra sociedad, pero es preocupante que haya gente tan trivial y vacía, a la que además se les permita estar con un micrófono en la mano, con presencia en un medio de comunicación social, plataforma desde la que sin duda tendría que promoverse el respeto y la convivencia.
Sin duda Manolo Lamas se ha degradado a sí mismo como persona y como periodista demostrando su poco sentido común y capacidad de ubicarse… Hechos como ese demuestran poca o nulo sentido de la ética y del respeto.
Es de esperar que las medida que se hayan tomado, o al menos la “que le cayó encima” después del episodio por parte de la gente de la red y de instancias superiores, le hayan ayudado a reflexionar sobre su actitud. A esa reflexión ya sobrevino el pedido de disculpas a la audiencia, pero fundamentalmente creo que debería pedir disculpas “al mendigo”, a aquel que reaccionó como un manso cordero mientras de forma beligerante y mediocre se reían de él.
En un País democrático, en una Europa democrática, en una sociedad civilizada, no se puede permitir que se pase la línea del respeto y que se humille a nadie a causa de su situación personal.
Que esta actitud y su posterior disculpa, sean un indicador de que hay cosas con las que no se juega, ¡y mucho menos con las personas!
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