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Ya lo decía Jesús en el Evangelio de Lucas: “Porque no hay nada secreto que no llegue a descubrirse, ni nada oculto que no llegue a conocerse. Por tanto, todo lo que habéis dicho en la oscuridad se oirá a la luz del día; y lo que habéis dicho en secreto y a puerta cerrada será pregonado desde las azoteas de las casas”. Cuánta razón tenía el Maestro, el Amigo y el Profeta de Nazaret: Todo, tarde o temprano, ¡se sabe!
Y eso, es cada día una realidad más incontestable. Hoy, gracias a la velocidad y a la facilidad en las comunicaciones, parece que todo, de repente, se ha vuelto transparente. Y por tanto, cuando hay algo turbio, algo que se quiere ocultar o disimular; o cuando se quiere mentir o no decir toda la verdad, resulta que muy difícil, cuando no imposible.
Es bueno que las cosas estén a la vista, y que la realidad nos haga vivir en la verdad, pero no deja de ser una lástima que esto sea así por razones ajenas a una decisión personal de ir de cara y de ser auténticos.
La realidad es que constantemente estamos expuestos, y esto, lejos de ser un peso, debería ser una oportunidad para hacer constante el ejercicio de autenticidad: somos lo que somos y todo está a la vista. Y no necesitamos protegernos, mentir y buscar explicaciones para defendernos o explicar lo que es evidente y que tal vez nos duele, nos avergüenza o no nos gusta de nosotros mismos o de nuestras acciones.
Conocí hace unos años a una mujer que de eso sabía un rato. Era muy astuta y tenía mundo a pesar de haber permanecido metida en su mundillo. Ella, no siempre era transparente y tal vez por eso, porque pensaba que los otros, ¡tampoco lo eran! – cree el ladrón que todos son de su condición- solía decir: “Lo que no quieras que se sepa, ni lo pienses!
Imagino que es muy desagradable vivir protegiéndose y pendientes de ocultarnos y no vivir en la verdad, que es lo que nos hace realmente libres. Pero es mucho peor la tristeza y el desengaño que supone ver, sin haber buscado ni investigado, que de repente alguien, que era para ti un referente, te engaña, miente, niega lo evidente y hasta te escandaliza.
Muchos casos hemos vivido en los últimos meses de este tipo, a nivel social, político y eclesial, y no han estado excentos de escándalos y de un fuerte sentimiento de desengaño y fracaso por parte de aquellos que de buena fe, confiaban.
Tal vez es bueno tomar nota y una vez más renovar el compromiso con la verdad, ir por la vida de cara y optar siempre por la sinceridad y la transparencia, porque una vez que la confianza se ha minado es muy difícil recuperarla sin que planee la sombra de la sospecha, y eso, es muy dañino porque enturbia las relaciones y lleva a vivir en la tiniebla de la desconfianza y de la sospecha.
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