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"Yo daría la bienvenida a un tiempo de solidaridad, de compromiso, de corresponsabilidad"
Muchos me dicen “espero que hayas podido descansar”. Otros,” ¿cómo fueron las vacaciones?” y algunos más: “Coge fuerza porque el cursos se presenta heavy”
Bajamos la persiana de la Plataforma de los alimentos, pero la actividad no ha cesado, porque la vida sigue, porque la pandemia dejó sus huellas y porque en los diversos proyectos hay vida y personas; y donde hay vida y personas hay necesidades que atender, causas por las que luchar, problemas que solucionar, esperanzas que compartir, ánimos que dar.
Y esto no es una queja ni un lamento. Vivir es amar, y el que ama, no descansa cuando ve de cerca el sufrimiento, cuando éste le hiere a los de cerca y te hace llorar con sus lágrimas y luchar por sus anhelos. Es más, el descanso es aliviar, acompañar, escuchar, confortar, animar, facilitar el el pan llegue a cada mesa y que todos puedan tener un techo para refugiarse y un corazón que les escuche y acoja.
Ha sido un mes de agosto muy movido, y si es por trabajo, ¡hasta estresante! Pero ha sido un mes muy lleno de sentido y de vida compartida. Quien nunca ha dado un consuelo y una oportunidad, no conoce de verdad la dicha. Y no digo que la dicha sea ayudar al que sufre, porque alguien podría interpretar que “necesitamos alguien que se lo pase mal, para ayudarlo y sentirnos bien”. Nada de eso. Digo que compartir la vida en los momentos de oscuridad, te permite también disfrutar cuando se hace la luz y cuando ves que alguien puede por fin volar y recuperar la libertad y la dignidad robada, perdida o quitada.
Nos espera, y ya está aquí, un tiempo, dicen de “nueva normalidad”. Yo daría la bienvenida a un tiempo de solidaridad, de compromiso, de corresponsabilidad. A un tiempo en el que decidamos cuidarnos los unos a los otros, poniendo el hombro y haciendo lo posible para que a la fiesta de la vida todos tengan acceso. Que nadie se quede fuera porque está solo, porque no tiene trabajo, porque es de otra raza, religión, porque no tiene dinero, un techo, etc. Que descubramos en cada uno de ellos y ellas ( y en cada uno de los que nos rodean y son de nuestra familia o entorno) que son personas y que valen no por lo que “no tienen”, sino por lo que son.
Si abrimos los ojos para ver de cerca el corazón de las personas, encontraremos nuestro descanso y nuestro gozo en compartir, ayudar; en remar juntos en la misma dirección, ayudando al que ya no puede remar, y dejando que otros nos ayuden a remar y a cargar con nuestra mochilas, ¡porque todos las tenemos!
Disfrutad de la vida que es un regalo.
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