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Lo bueno y mejor que nos ha pasado en los últimos años a los cristianos, es tener un Papa que habla claro y que no tira pelotas fuera.
Jorge Mario Bergoglio es un hombre que cree en el Evangelio y lo vive, y eso le hace libre para hablar, para pensar y para llevar a delante, sin prisas, pero sin pausas, la gran revolución de la bondad, de la ternura, pero sin duda la del Evangelio de la compasión de Dios que es la que no teme levantar alfombras, mirar a los ojos y rescatar a los que sufren por cualquier causa. Él ha venido como su Maestro a servir y a dar la vida por aquellos que tiene encomendado, y no está dispuesto a claudicar de ello. Para eso es piedra, roca firme en la que siento y veo que descansa la Iglesia, porque su fortaleza no es otra que la de Cristo.
Francisco, no teme llamar a las cosas por su nombre y a las personas para escucharlas y acompañarlas. Hace lo posible y lo imposible para “rescatar” al que ha caído, para poner luz en la oscuridad, para hacer resplandecer la Verdad. Y eso a algunos les molesta, a los que se empeñan en ser hijos de las tinieblas les rebela y a los limpios de corazón, les consuela. Pero él, podemos estar seguros, salvará a las personas pero nunca pactará con la doble vida, el escándalo ni la maldita traición que confunde y aleja a los que buscan con sinceridad de corazón.
El Papa va allá donde su presencia puede consolar, llevar la paz y abrir caminos de esperanza.
Sin duda hay momentos en los que sentirá la soledad y el peso de la Iglesia y del mundo a los que ama, porque él es un enamorado de la vida y de las personas y no tolera el sufrimiento. Sabe que hay que rescatar a los que sufren y que no puede dejar olvidado en las márgenes o en las grietas de la sociedad a los más vulnerables y a aquellos que no cuentan o a los que algunos se han empeñado en silenciar después de haberles escandalizado con sus actos arruinándoles la vida para siempre.
La certeza de su misión, -la se de ser “Piedra y roca”- asumida libre y responsablemente, es su fortaleza y no le tiembla el pulso cuando se trata de poner blanco sobre negro y de decir aquello que entiende.
Hoy quiero decir alto y claro, en un momento de confusión y de desconcierto y hasta de perplejidad por cosas que vivimos, que nos duelen y que no entendemos, que la comunión que nos une en la Iglesia, es real y uno siente que nos compromete y reconforta, aunque ésta nos haga experimentar el dolor de aquellos que sufren o hacen sufrir “porque no saben lo que hacen”, porque están ofuscados o confundidos, o simplemente porque son débiles y no pueden, no quieren o no saben ver la realidad y las consecuencias de sus actos. En este sentido, Francisco -Pedro- es roca de fortaleza y eso para los creyentes es un descanso.
La Iglesia hoy se ve zarandeada por muchas tormentas y tempestades, y la fe nos dice que si Cristo está en la Barca, la barca no se hunde, pero sin duda ayuda a esta fe, lo que uno ve, experimenta y comprueba: Que Francisco, el ungido para guiar a la Iglesia, es un hombre firme, no vive en el engaño ni quiere engañar a nadie. Es clarividente: Sabe que lo primero es la persona y se juega todo para que nadie se pierda. Pero Francisco tiene claro que no podemos vivir en la mentira, que no podemos escandalizar y que el cristiano, el creyente, ha de ser creibe, de lo contrario no sirve, sino traiciona al Evangelio. Y este papa, no quiere traidores, embusteros ni corruptos. Ya lo dijo desde el minuto cero de su pontificado: “Pecadores sí: corruptos, NO".
Gracias, Francisco, Jorge Mario, Papa de Roma, Padre-Obispo, por no pactar con la mentira, por ayudarnos a evitar los escándalos, por ser tan claro y por desterrar la mediocridad de la Iglesia. Gracias por tu fortaleza.
Que no te falten colaboradores fieles, que como tú se lo jueguen todo a una carta: La de la compasión de Dios, que es la pasión compartida con todos por liberar al mundo del mal, de la injusticia, de la mentira.
Gracias por exigir a tus colaboradores transparencia y por no tener miedo cuando tienes que tomar decisiones que ayuden a los fieles a celebrar su fe con sencillez, a tener cuidado del Planeta, a respetar las diferencias y a amar la diversidad. Pero sobre todo, gracias porque has entendido que Jesús no soporta “los escándalos” que algunos se empeñaron en ocultar, otros promovieron desde la sobra, pero tú quieres desterrar de la Iglesia de Jesús, porque sabes que la gente de buena voluntad y la humanidad, tienen derecho a encontrar en la Iglesia una casa segura de acogida, de consuelo y de salud.
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