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Cada vez que uno se encuentra con el Papa Francisco tiene la experiencia de la acogida de un “hombre bueno”, pero mucho más; de un “hombre evangélico”, pero algo más, de un hombre que tiene un corazón con las dimensiones infinitas de Dios. Un hombre que escucha, ama, que abre el corazón y lo ofrece y que es evidente, tiene los sentimientos de Jesús.
En el encuentro que tuvimos hace unos días junto al padre Ángel y el equipo de Religión digital, no fue la excepción.
Una vez más vimos a un hombre de profundas convicciones evangélicas y de corazón limpio. Eso le da una serenidad y un sentido del humor y del amor, que hace que sus comentarios nunca generen inquietud. Sabe amenizar las conversaciones con ejemplos sencillos y sabe quitar hierro a las situaciones más complicadas.
Hablan los sede-vacantistas, los enemigos del Papa, los martillos de herejes, aquellos que se resisten y le atacan… Pero él no tiene enemigos. No les critica, no los condena, no los señala con el dedo acusador y condenatorio. Simplemente se compadece, le dan pena: “Son personas tristes”.
Sin duda la alegría es la expresión de un corazón en paz y de la bondad que es incompatible con el rencor, la susceptibilidad, o cualquier sentimiento malo.
Francisco es un Papa que dice lo que piensa y que piensa y ora lo que dice, y seguramente eso es lo que hace que su palabra, sus gestos y sus actitudes contagien optimismo, esperanza, y la alegría que rezuma en sus encuentros.
Once años de pontificado. Once años de servicio. Once años de una bendición que el mundo agradece, y que le han convertido en un referente mundial, más allá de los límites de la Iglesia, que posiblemente es dónde menos es comprendido: ¿será tal vez porque el evangelio tiene que estar en las plazas, en las aulas, en el mercado, en las fronteras? Seguramente, y es allí, donde no hay tanta estructura, jerarquía y príncipes de este mundo. Francisco es capaz de escuchar y por eso como Jesús dice con palabras, gestos y actitudes: Yo no te condeno, y ¡Dios te ama!
Gracias Francisco por ser una bendición y por hacer llegar la bendición de Dios a todos, todos, todos, sin límites
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