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El Vaticano permitirá a los sacerdotes bendecir parejas homosexuales o divorciados vueltos a casar
El Vaticano permitirá a los sacerdotes bendecir parejas homosexuales o divorciados vueltos a casar. La posibilidad de bendecir a las parejas en situaciones irregulares y a las parejas del mismo sexo era una de las propuestas del papa Francisco para renovar la Iglesia. Sin embargo, solo representa un pequeño paso por no contemplar el matrimonio, y de ese modo no alterar la doctrina sacrosanta de la Tradición que es la que guía a la iglesia, manteniendo así su status sin cambiar la enseñanza perenne de la Iglesia sobre el Matrimonio y otras cuestiones.
Y ahí está el problema, el de no alterar las enseñanzas de la iglesia, ajenas al Evangelio, que se han ido acumulando a lo largo de los siglos. ¿Y por qué no cuestionar esas enseñanzas propias de la Tradición, que no se corresponden ni con el Evangelio ni con los signos de los tiempos, a través de los cuales habla Dios?
Sencillamente porque la Tradición es para la iglesia el mejor exponente de la voluntad divina, lo que considero falso. Por eso la iglesia solo cambia de refilón y superficialmente la Tradición, cuando observa que hay un descontento entre los creyentes y teólogos progresistas para darles a entender que la Tradición se mantiene inamovible en su contenido esencial.
Si algún día el Vaticano se decidiera a ordenar mujeres diaconisas, tampoco se rompería sustancialmente la Tradición patriarcal, porque el diaconado es el grado inferior de la jerarquía, el que tiene menos importancia, dejando el sacerdocio y la alta jerarquía, que son los que detectan el poder y la administración de los más importantes sacramentos, solo en manos de hombres. De ese modo también queda a salvo la misoginia, considerada inamovible por obra y gracia de la Tradición, lo que considero una aberración que va en contra del movimiento igualitario de Jesús y de los signos de los tiempos que no dejan de avanzar en el reconocimiento de la igualdad de género en las sociedades democráticas.
Lo mismo cabría decir del celibato obligatorio en todos los grados de la jerarquía, de la demonización del divorcio o de la estructura jerárquica-patriarcal no democrática. Sin cuestionar la Tradición, la iglesia se mantendrá inamovible e involucionista porque carece de conciencia para detectar la incorrección de su proceder por mucho que se afirme y se repita que el Espíritu Santo guía a la iglesia.
Siendo y continuando así, la iglesia predica sus creencias, avaladas por la Tradición, aunque no por el Evangelio, ni por los signos de los tiempos, que son los medios elegidos por Dios para dirigirse a los creyentes y a todo los hombres de buena voluntad que se guían por la ética natural, provista de valores intrínsecos a la naturaleza humana creada por Dios, "que vio todo lo que había hecho, y he aquí que era bueno en gran manera". (Génesis 1.31)
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