"Perdidos en la frontera de nuestros banquetes sin corazón"
"Varemos la patera en la justicia: ¡Nombres!"
La fuerza del alimento: "Gustad y ved qué bueno es el Señor"
El pan y el agua que Elías, derrotado y abatido, vio a su cabecera, fueron para él signos de la cercanía de Dios a su profeta.
Con la fuerza de aquel alimento misterioso, Elías “caminó cuarenta días y cuarenta noches hasta el monte de Dios”.
De Dios era el pan que el ángel ofreció a Elías.
De Dios es el pan que se ofrece a los reunidos en la sinagoga de Cafarnaún: “Yo soy el pan bajado del cielo… Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo”.
El escándalo está en que quien dice “yo soy el pan del cielo, el pan que Dios os da”, es Jesús de Nazaret, el hijo de José, y todos conocen a su padre y a su madre, todos saben de dónde viene, todos tienen razones para criticarlo.
Elías en el desierto vio y comió.
Los de la sinagoga de Cafarnaún murmuraron –que es una forma de no ver-, y no comieron.
El cielo les ofrecía pan de vida, medicina de inmortalidad, y ellos sólo vieron al vecino insignificante.
Tú, que quieres ver y comer, considera el canto de María de Nazaret, la mujer que escuchando creyó, y creyendo comió: “Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios mi salvador, porque ha mirado la humillación de su esclava… Derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes. A los hambrientos los colma de bienes, y a los ricos los despide vacíos”.
Ella, que ha acogido la palabra de Dios, ha comido el pan de Dios, lo lleva en su seno; ella, humilde y enaltecida, pobre y llena de gracia, hambrienta y bendecida con toda clase de bienes espirituales y celestiales, es imagen de la Iglesia discípula de Dios, que aprende a creer y a recibir el pan que Dios le da.
“Gustad y ved qué bueno es el Señor; dichoso el que se acoge a él”. Tú lo dices porque has creído y has comido el pan de la vida que es Cristo Jesús.
Ahora también tu vida es pan del que todos pueden comer, y por el que todos podrán decir: “Gustad y ved qué bueno es el Señor”.
También te puede interesar
"Perdidos en la frontera de nuestros banquetes sin corazón"
"Varemos la patera en la justicia: ¡Nombres!"
Al Dios de Jesús, al Jesús de Dios, no le interesan los reinos, le interesas tú…
A la búsqueda de un parecido con Dios
"Y ese odio es todo amor"
El futuro está… ¡en el odio!
¿Somos pobres que viven ya en el reino de los cielos, o somos ricos, dedicados todavía a acumular cosechas?
Necedad siempre triste
Lo último
Más allá de la dicotomía entre cuidado y curación.
Dejarse cuidar
Relación histórica y actual entre curar y cuidar.
Curar y cuidar
Sin comunidades alternativas en la periferia no habrá cambios internos. La historia lo demuestra: ninguna estructura se reforma solo por argumentos. Las reformas nacen cuando existen formas de vida creíbles que muestran que otra Iglesia es posible.
Monacato laico: renovar la iglesia dejando atrás una jerarquía enferma