"Perdidos en la frontera de nuestros banquetes sin corazón"
"Varemos la patera en la justicia: ¡Nombres!"
"Hoy, el día se ha llenado de mensajes de fiesta"
Hoy, Virgen María, la Iglesia se hace con las palabras de tu cántico de alabanza, para decirlas contigo, para que tú las digas con ella, y cada uno de los hijos de la Iglesia, cada uno de tus hijos, las siente del todo suyas: “Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador, porque ha mirado la humillación de su esclava”.
El día se ha llenado de mensajes de fiesta. La celebración se abre con imperativos que nos apremian: “Estad siempre alegres en el Señor; os lo repito, estad alegres”. Y el apóstol nos lo vuelve a recordar: “Estad siempre alegres”.
Contigo, madre de Jesús y madre nuestra, compartimos palabras, alegría, fiesta, porque para todos es el que de ti va a nacer: “Desbordo de gozo con el Señor, me alegro con mi Dios, porque me ha vestido un traje de gala, y me ha envuelto en un manto de triunfo, cono novio que se pone la corona, como novia que se adorna con sus joyas”. Lo dices con verdad tú, que eres la madre del Señor; lo dice con verdad el cuerpo de Cristo que es la Iglesia; lo dice con verdad cada uno de los miembros de ese cuerpo, lo decimos a una voz, congregados en este domingo para hacer en la eucaristía la memoria del Señor.
Que nadie quede fuera de tu alegría, Virgen Madre de Jesús, pues para todos es el fruto bendito de tu fe, para todos es la gracia de tu Hijo, para todos es la salvación que por tu fe nos ha venido de Dios.
La misericordia de Dios contigo, nos alcanza a todos, nos alcanza siempre.
Somos contigo hambrientos a los que el Señor colma de bienes; somos contigo últimos en los que el Señor se ha fijado para levantarnos de la humillación; somos contigo pobres para los que nace Jesús como Evangelio de Dios.
Que nadie quede fuera de tu alegría, Iglesia cuerpo de Cristo, pues para todos es la gracia que tú has conocido, para todos el Espíritu que has recibido, para todos la misericordia con que el cielo te ha rodeado.
“Que el mismo Dios de la paz os consagre totalmente, y que todo vuestro espíritu, alma y cuerpo sea custodiado sin reproche hasta la venida de nuestro Señor Jesucristo”.
“Estad siempre alegres”.
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