"Perdidos en la frontera de nuestros banquetes sin corazón"
"Varemos la patera en la justicia: ¡Nombres!"
Iglesia amada, sal a los caminos e invita a todos los pobres al banquete
“La Sabiduría se ha construido su casa… ha preparado el banquete, mezclado el vino y puesto la mesa; ha despachado sus criadas para que lo anuncien… Venid a comer mi pan”.
Considera esa palabra sapiencial como palabra profética que se ha cumplido en el misterio de la encarnación: “La Palabra de Dios se hizo hombre, y acampó entre nosotros… De su plenitud todos nosotros recibimos”.
Pregunta a los que a esa Palabra se han acercado, y te dirán lo que han visto: ante ella retrocede el espíritu del mal; a la mujer postrada se le da la mano para que se levante; los leprosos quedan limpios, los enfermos son curados, los pecadores son perdonados; descreídos y recaudadores se sientan a la mesa de Dios, porque Dios ha salido a buscarlos.
Porque la Palabra se hizo hombre, a la mesa de la sabiduría se sientan la mujer que amó mucho, el publicano que no se atrevía a levantar la cabeza, la adúltera amada, el ladrón invitado a la sorpresa del paraíso.
Porque la Palabra se hizo hombre, a la mesa del Reino se sientan los pobres, los inexpertos, los faltos de juicio, y hasta intuimos que allí se ha sentado el centurión que dirigió a los soldados de la crucifixión.
En verdad, “los ricos empobrecen y pasan hambre, los que buscan al Señor no carecen de nada”.
Considera el modo en que la Sabiduría ha preparado el banquete: haciéndose hombre, la Palabra de Dios se revistió de nuestra frágil condición, cargó con nuestras debilidades, comulgó con nuestras miserias.
Considera ahora, Iglesia amada del Señor, la eucaristía de tu domingo. “La mesa está servida, caliente el pan y envejecido el vino”.
Escuchando y comulgando te has sentado a la mesa de la Sabiduría.
Escuchando y comulgando te haces de Cristo, te revistes de inmortalidad, y eres fortalecida para caminar hasta el monte de Dios.
Escuchando y comulgando eres justificada con justicia divina, y recibes vida eterna, pues “el que come de ese pan vivirá para siempre”.
Sal a los caminos e invita a todos los pobres al banquete de esperanza que para todos ha preparado la Sabiduría.
Feliz domingo.
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