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Decía un buen amigo que “no hay nada más parecido a un obispo que otro obispo”. Pero eso era antes, en la época eclesiástica anterior, cuando desde Roma se imponían consignas y, en España, Suquía, Tagliaferri y Rouco las cumplían a rajatabla. Y las hacían cumplir, sin que nadie rechistase.
Con la llegada de Francisco al solio pontificio y, con él, el final del reino de la involución, el casi homogéneo episcopado español dejar ver sus entretelas y comienzan a consolidarse tres bloques casi herméticos entre sí: Los conservadores a ultranza (en torno a unos 30), los progresistas (en torno a otros 30) y los moderados (la amplia mayoría).
Los obispos moderados (a los que algunos llaman tibios o indecisos) son los que inclinan el péndulo de las decisiones del episcopado hacia un lado o hacia otro. Sobre todo, en los temas más sensibles. Y, en estos momentos, hay dos temas que incomodan a la jerarquía española por encima de todos los demás: Los abusos del clero y la ley de amnistía.
La división episcopal en estos temas quedó patente en el discurso de apertura de la Plenaria del cardenal Omella, en el que el presidente del episcopado tuvo que hacer auténticos equilibrios en el alambre, para contentar a todos sus compañeros. Y, para eso, recurrió a la socorrida técnica del ‘sí, pero’, que adornó con la famosa frase evangélica: “Sed astutos como serpientes y prudentes como palomas”. Con el objetivo de tender puentes con la sociedad y entre los propios prelados.
Por eso, en uno de los temas más delicados, el caso de los abusos del clero, recogidos por el Informe del Defensor del Pueblo (al otro, al de Cremades, ni lo nombró), Omella intentó surfear entre “la vergüenza sin ambages ni disculpas” y la queja profunda ante “la difamación pública”, en la que, a su juicio, cayeron algunos medios, tras extrapolar la encuesta que recoge el informe. Lo que no dice es que ese mismo sistema fue el que se siguió en Francia y los obispos transalpinos lo acogieron y se fueron a Lourdes a ponerse de rodillas ante la Virgen y ante las víctimas.
Hasta el propio Nuncio, supuestamente más conservador, le enmendó la plana y abordó el tema de los abusos al estilo del Papa, sin justificaciones, sin señalar a los demás y, sobre todo, sin descalificar a nadie. Y, colocando a las víctimas en el centro, precisamente hoy, día de oración por ellas en toda la Iglesia.
Más funambulista es, si cabe, la postura de Omella ante la ley de amnistía, que no nombra explícitamente y sobre la que pasa como sobre las ascuas de la fiesta de San Juan, con su receta que consiste en “ni inmovilismo ni reformismo fragmentador”.
Y así, si decantarse, sin decir nada, más que buenas palabras y retórica vacua, los obispos españoles cierran filas y se van a presentar ante el Papa, el próximo día 28, sin los deberes hechos. ¿Y dicen que Francisco sólo les va a hablar de pequeños cambios en los seminarios?
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