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"Han pasado diez años y la perenne primavera eclesial sigue floreciendo"
Diez años disfrutando de un papado, que es una gozada continua. Desde el momento de su elección, en RD siempre tuvimos claro que Francisco iba a ser el Papa de la primavera y así le bautizamos, ante la crítica y la sorna de los rígidos. Algunos nos llaman, por eso, los ‘primaveras’. Con un cierto deje sarcástico. Quizás porque no entienden que, a nosotros, nos encantan las flores.
Y, de hecho, desde el principio y a lo largo de estos 10 años hemos venido repitiendo como un leitmotiv el siguiente lema: “Nadie puede parar la primavera en primavera, sobre todo cuando viene en alas del Espíritu”.
Han pasado diez años y la perenne primavera eclesial sigue floreciendo. Diez años para sentirse orgullosos de este Papa. Para presumir de él dentro y fuera de la Iglesia. Porque hacia adentro nos acerca cada día al Evangelio. Y cada día no nos deja de sorprender, limpiando el polvo acumulado en la institución.
Y hacia afuera, porque tenemos un Papa que es la principal autoridad moral del planeta, que se faja en la lucha por la paz y que denuncia, sin pelos en la lengua, los atentados del sistema contra los descartados, contra la paz y contra la madre tierra.
Por eso mismo, algunos desde dentro se la tienen jurada y le tachan de hereje, peronista o comunista. Otros querrían que fuese más rápido y que, en vez de una evolución, implantase una revolución en la lglesia. Nosotros sólo le apoyamos, conscientes de que el ritmo lo tiene que marcar él y el Espíritu. Y, por eso, solemos repetir: “¡Que nos quiten lo bailado en estos diez años!”
Ha puesto a la Iglesia en camino, en proceso sinodal. Por vez primera en la historia ha preguntado, escuchado y movilizado a las bases eclesiales, al 'santo pueblo de Dios'. Quiere contar con él, para construir una Iglesia más poliédrica y menos piramidal. Para dar voz y voto a los laicos y acabar con los privilegios de los clérigos, auténticos funcionarios de lo sagrado.
Francisco está cambiando el papado y, por lo tanto, la Iglesia ante nuestros ojos. Y cada día nos sorprende con sus decisiones. A cada cual más evangélica. La última, muy concreta: se acabó el gratis total para cardenales, obispos y curiales de todo pelaje y condición. Y todos tendrán que pagar el alquiler de sus casas, pisos y apartamentos.
Una medida que, vista en el conjunto de las reformas, parece menor, pero tiene una enorme importancia. Porque significa que el Papa quiere acabar con los privilegios acumulados durante siglos por la élite curial. Francisco se está atreviendo con la ‘cuarta de la verdad’. Y es que, como decía Georges Bernanos, aquel sabio y viejo cura rural, es la cuarta que va de la bragueta al bolsillo. La cuarta que encierra y simboliza todos los males del clericalismo.
Por eso, se la tienen jurada y no van a parar hasta hacerle la vida imposible. Pero dan en hueso. Bergoglio no se amilana, tiene dotes de gobierno y se siente llamado a cumplir su misión papal: promover una Iglesia cada vez más alejada del poder y más cercana al Evangelio de Jesús de Nazaret. Una Iglesia atenta a los signos de los tiempos y que vuelva a sus raíces. Sin tocar la esencia de la institución, en perfecta continuidad dogmática, pero barriendo todas las adherencias mundanas del paso de los siglos.
Aunque los ‘enemigos’ de dentro y de fuera le acusen de hereje, precisamente porque saben que nunca tocará el Credo, pero sí acabará con sus privilegios clericales. Y eso es lo que defienden, aunque digan que aquello por lo que luchan es la ‘sana doctrina’ (típico bulo rigorista), cuando lo que encarnan es el sistema romano de poder, que se caracteriza por el monopolio de la verdad, el juridicismo, el clericalismo, el miedo al sexo y a la mujer y la violencia espiritual.
Por eso, en unión con todos nuestros socios, lectores, colaboradores y usuarios proclamamos:
-Que nos sentimos plenamente orgullosos de tener un Papa tan evangélico como Francisco
-Que queremos acompañar y “repicar” en todos los ambientes en los que nos movemos la frescura y la riqueza de este pontificado de la misericordia y de la paz.
-Que nos queremos subir a la oleada de ilusión que, de la mano de Francisco, recorre la Iglesia e, incluso, el mundo. Remar con el Papa.
-Que queremos ayudarle, para que la barca de Pedro se dirija, decidida y alentada por el Espíritu, por la fuerza del Concilio y por el proceso sinodal y colegial, hacia una reforma profunda de la Iglesia y de sus relaciones con el mundo.
-Que estamos dispuestos a “hacer lío” y “andar adelante”, como nos pide continuamente el Papa Francisco.
-Que estamos preparados para apoyarlo y seguirlo por el camino del 'aggiornamento' eclesial, por la senda de la conversión, que nace en los corazones y se contagia a personas e instituciones, para transformar el mundo y luchar por el Reino. Amén.
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