Dedico este poema a todas las madres, esposas, hijos e hijas de las víctimas de la injusta e inexplicable agresión bélica de la Rusia de Putin a Ucrania
El horror al que estamos asistiendo en directo en Ucrania nos convoca a una conversión durante esta cuaresma
La paz empieza con la justicia, el cambio interior, el desarme de nuestras conciencias.
Nos comprometemos a hacer nuestro el grito de quienes no se resignan a la violencia y al mal, y queremos contribuir con todas nuestras fuerzas a dar a la humanidad de nuestro tiempo una esperanza real de justicia y de paz.
Nos comprometemos a solicitar a los responsables de las naciones que hagan todo lo posible para que, tanto en el ámbito nacional como en el internacional, se construya y se consolide un mundo de solidaridad y de paz fundado en la justicia.
El Ayuntamiento de Madrid rendirá un homenaje al padre Llanos junto a su monumento erigido en el Pozo del Tío Raimundo, este jueves 10 de febrero a las 12 de la mañana con motivo del treinta aniversario de su muerte. A continuación, se inaugurará una placa conmemorativa en el edificio que fue su capilla en el barrio y hoy es la Fundación Llanos
El padre Llanos es una figura que resurge como la de un profeta que, adelantándose a su tiempo, dio una arriesgada respuesta a estos desafíos de ahora mismo, como si despertara a gritos desde su tumba.
Porque Llanos poseía un carnet de “ciudadano del mundo” y educaba para la universalidad frente a la miopía de los nacionalismos y patrioterismos.
Sus recuerdos inéditos que rescaté de viejos archivos revelan a un soñador despierto, que entre “depre y depre”, había vivido a flor de piel la guerra: momentos como cuando recibía en Portugal la noticia de sus hermanos asesinados.
Me tropecé contigo en cualquier calle, enfrente de unos grandes almacenes, uno de esos templos heladores del consumo, de los que suele uno salir con las pupilas abotargadas de luces y colores, y me ofreciste un ejemplar de “La farola”. Y por un vil euro me regalaste con una sonrisa, que no se puede pagar con todo el oro del mundo.
“En realidad, todos estamos en la misma barca y estamos llamados a comprometernos para que no haya más muros que nos separen, que no haya más otros, sino solo un nosotros, grande como toda la humanidad. Por eso, aprovecho la ocasión para hacer un doble llamamiento a caminar juntos hacia un nosotros cada vez más grande, dirigiéndome ante todo a los fieles católicos y luego a todos los hombres y mujeres del mundo”.
¡Y a Francisco se le acusa de “comunista” o de “ciudadano Bergoglio”, como lo llama la ultraderecha “tan católica”!
Para ser feliz -te dijeron- encuentra al amor de tu vida; márchate de tu país; vete al campo, a vivir junto al mar, rompe con todo
Cuando el cristal está bien iluminado no se perciben las manchas en el vidrio, es como si no existieran
Nuestros egos son baterías cargadas con las impresiones que hemos ido acumulando. Mientras estamos en el espacio y el tiempo no podemos dejar de ser herederos de esas experiencias que nos han constituido.
La infelicidad es un problema de foco
La felicidad consiste en enfocar tu cámara al infinito.
La vida, como las estaciones, tiene su invierno, que coincide con la vejez, una etapa que, en nuestro mundo de hoy, la verdad, no tiene muchos partidarios. En los tiempos antiguos el “senior” solía ser aceptado por su sabiduría y consejo
hora nadie quiere envejecer y no hay mayor valor para nuestra sociedad que la juventud, incluso cuando es violenta e insensata. Propósito inútil por ley de vida, pese a la cirugía estética, que consigue inexpresivos rostros de plástico y los pretendidos elixires de la “eterna juventud”
Como le cantaba Ernesto Cardenal al místico Thomas Merton en el día de su muerte: “Sólo amamos o somos al morir, el gran acto final de dar todo el ser”. “Nuestras vidas que van a dar a la vida”, añadía.
Percibo en la información actual un secreto masoquismo.
Un maestro espiritual insistía en que una de las principales causas de la infelicidad en el mundo es el secreto placer que las personas experimentan en sentirse miserables.
Más que el arrepentimiento o el sentirse perdonado nos puede la autoflagelaciòn.
La felicidad comienza donde termina el pequeño yo y te pierdes en un yo infinito al que perteneces desde siempre.
Nunca como ahora en nuestras vidas necesitamos recuperar las estrellas de los Magos
La Epifanía es una fiesta que enfoca las conciencias hacia lo universal. La manifestación de Jesús a todas las naciones a través del símbolo de los Magos, que les hace caminar hacia lo imposible para encontrar la Buena Noticia, sigue viva en el corazón de los pequeños que escuchan la música interior del corazón.
Os ofrezco estos dos poemas que intentan despertar en nosotros el niño dormido.
El fuego de hogar que da la fe, esa manera de mirar distinta del que se sabe de paso, pero encantado de la vida que Dios mismo eligió para su Hijo en la primera Navidad, cuando descubrimos hasta qué punto lo pequeño es grande y cómo el cuerpo, la tierra, y hasta el frío de la lluvia se convierten desde esa noche en signo de esperanza, sacramento.
Es lo que os deseo en esta nochebuena, en la que con rebrotes de pandemia, problemas económicos, amenazas de guerra, tragedias migratorias, como nunca sentimos que en nuestra fragilidad reside nuestra fuerza y en la incertidumbre la esperanza que brota de la fe. Feliz Navidad, queridos amigos y lectores,
Los creyentes están muy preocupados por los escándalos de la Iglesia que aparecen en los Medios.
La secularización, el laicismo y la autonomía del hombre sobre la sociedad teocrática ha relegado el poder de la Iglesia. Oigo decir que incluso ha crecido, pese a las libertades democráticas, el “odio a la Iglesia”, el revanchismo contra su influencia desmesurada, e incluso que las fuerzas del mal se la están cargando
Pero, ¿ha cambiado para mal? ¿Era mejor cuando los curas y la jerarquía eran inviolables? ¿Qué sus lacras permanecieran ocultas, que la verdad de sus perversiones se quedaran en cuchicheos de sacristía?
La agresividad actual de algunos medios laicos se ha producido después de siglos de corrupción de una gran parte de la institución eclesial, secretismo, orgullo, dominación sobre las conciencias, falta de libertad de expresión, investigación y opinión en su seno y lacras que ahora se airean sin tapujos
No queremos una Iglesia impecable y triunfalista. El reconocimiento de la debilidad y la humildad, que es nuestra verdad, más que al escándalo nos debería acercar a Jesús que el vernos perfectos, porque “nadie es perfecto, sino solo Dios”.
Hay que evitar la tentación de abominar contra la Iglesia incluso institucional, que es lo que pretenden los que utilizan sus pecados para aniquilarla, sino quererla más para mejorarla desde dentro, defendiéndola en lo que es injusto y proclamando sobre las azoteas su lado carismático y sus virtudes, que existen, y hoy apenas se resaltan.
Tiene el Adviento un sabor a ir de camino, a viaje, a imaginar la llegada, como traqueteo del tren cuando vuelves a casa, o la ilusión de hacer la maleta para unas deseadas vacaciones.
Me acerca el Adviento al sábado que sueña ser domingo, a las ganas de acabar el colegio, al abrazo soñado de la persona querida y a la sensación día a día de terminar un libro.
Pero sobre todo me acerca a la vida, mucho más que la Cuaresma o la Pascua, porque la vida es caminar y para caminar hace falta un sueño, una ciudad prometida, una ilusión, un puerto hacia donde hinchar nuestras velas de esperanza.
Detrás de cada deseo sólo hay ansia de la plenitud que ya soy en realidad, pero no reconozco ser.
Fulanito de tal y cual se cree separado
Hasta que de pronto cualquier día te das cuenta de que el dueño eres tú
Nos llevamos con nosotros el saco de los deseos a la calle, al monasterio o a las antípodas de nuestro planeta. Por eso el camino no es escapar, sino flotar en la superficie de los deseos. Muchas veces la renuncia ascética origina más deseos, los convierte en asignatura pendiente
Hoy esa práctica está casi obsoleta. La figura de la Virgen nos ayudaba a potenciar los grandes ideales. ¿No debería la Iglesia volver a esta práctica olvidaba?
El orden cósmico nos supera. Este volcán es como una cerilla que ilumina mi mente para saltar hacia el Universo y decirme: sube más allá y acepta una cosmovisión que rompe con tus criterios del tiempo y del espacio.
La vida humana es más importante que toda posesión material. Pero aun esta siempre está en riesgo. Como cuenta el Kempis de aquel que iba por la calle y le cayó una teja. ¿Tenemos conciencia de que formamos parte de un todo y que el devenir de nuestra vida temporal tiene un término y una continuidad distinta?
La Tierra es un ser vivo en continua transformación. Un día se separaron los continentes, surgieron los mares, evolucionaron los animales y vino el hombre. El volcán recuerda que hay una inteligencia, un fuego, una vida, una energía sembrada en el interior del Cosmos. ¿Podemos acceder a ella? Solo desde el silencio
Hoy los poetas y soñadores como tú no tienen mucho sitio en este imperio de la televisión, las plataformas digitales e Internet. Nos hemos instalado en el dominio de la mediocridad, el libro de vida efímera y la subcultura del prêt-a-porter
A Pemán no se le ha perdonado que se le entienda; que en el fondo y la forma haya sido un gran pedagogo del lenguaje, un mago de la imagen limpia, igual que un atardecer en el Campo del Sur. Políticamente, todo el mundo lo sabe, fue mucho más monárquico que franquista y más liberal, como buen gaditano, que de derechas.
Eso de ser católico ha estado durante décadas mal visto en el mundo de la pluma, donde para triunfar parecía que había que ser homosexual y de izquierdas, dicho sea esto con el respeto y aun admiración que todo el mundo sabe que profeso a unos y otros. La historia es que tus libros han estado enterrados en el olvido sin que inexplicablemente casi se reeditaran.
Le enseñará no sólo en el manejo de la prosa, sino también en sencillez y humildad que era la virtud que él echaba de menos en el intelectual
Hasta Umbral, un escritor de izquierdas, le llamó "un gran maestro". Quizás por eso Pemán nunca fue violento en sus artículos ni en nada, porque, a pesar de, o precisamente por su profunda fe, se preguntaba por todo y se fijaba en la pequeñas y gratas cosas de la vida.
Te adelantabas a la teología moderna al hablar de las inmanencia y trascendencia y te identificabas con el "Dios deseado y deseante" de J.R.J. y añadías que "el que se sume en la inmanencia divina, se siente inmenso en Alguien trascendente"