Lo que diga el pulpo
Pues ya saben, uno de los grandes personajes mundiales del verano es un pulpo. En España hay quien quisiera darle el Príncipe de Asturias y en Alemania les gustaría guillotinarle. Y son más de tres o cuatro los que creen de verdad en los poderes adivinatarios del octópodo. Más allá de la simple anécdota, llama la atención la credulidad en magos, brujas, tarots y pulpos adivinos de nuestra época. Directamente proporcional al descenso de la fe, dicen algunos. Puede ser. Se cita hoy con frecuencia la frase de Chesterton: “Cuando se deja de creer en Dios, se empieza a creer en cualquier tontería”.
Es una pena que los chavales se queden en que se gana o pierde por el pulpo, y no por hacer mal o bien las cosas. Al final, queda bien echarle la culpa a alguien de los fallos, por ejemplo, al pulpo.
Me he acordado hoy de un poema anti-pulpo de Pablo Neruda. Leído en este contexto, da pistas educativas y pastorales interesantes. Les invito a sacar la moraleja solos, que fácil es…
En definitiva: ¿quién es responsable de nuestros fracasos o éxitos: ¿Nosotros o el pulpo? Alguien tiene que dejárselo claro a los que hoy se forman y educan… Eso supondrá volver a valorar el esfuerzo y los codos. También, por cierto, en la famosa nueva evangelización. Lo demás, es dejar todo… a lo que diga el pulpo…