Seguir a Jesús: radicalidad o rigorismo
Este domingo, XIII del Tiempo Ordinario, nos presenta el tema central de la vida cristiana, el seguimiento de Jesús:
Evangelio según san Lucas 9, 51-62
En efecto, los discípulos, como todos los “talibanes” que en el mundo han sido (¡ahora proliferan como hongos!), creen que Jesús ha venido a hacer un gueto o secta, y todos los que no forman parte de la secta correcta, merecen ser quemados por un rayo (o una hoguera inquisitorial, que para el caso es lo mismo, o un blog incendiario). Pero Jesús les deja claro que seguirle no consiste en eso. Tampoco en anteponer la propia ideología, o raza, o nacionalidad, o clan familiar a la visión de la vida y del reino de Dios que tiene Jesús.
Y de ahí lo de “dejar que los muertos entierren a sus muertos” o lo de “la mano puesta en el arado”. Cuánto daño ha hecho una interpretación no radical, sino rigorista, de estas palabras. Como si Jesús quisiera que los que le siguen renuncien a atender a su familia y pierdan las raíces, o vistan un hábito de invierno (o sotana) en pleno verano para sufrir más, o lleven cilicios o chinas en el zapato… Eso no es RADICALIDAD sino RIGORISMO.
Esa diferencia entre RADICALIDAD y RIGORISMO la explicó clarísimamente Johann Baptist Metz ya en 1980, en su libro Más allá de la religión burguesa: sobre el futuro del cristianismo, Salamanca, Sígueme, 1982.
Jesús nos pide RADICALIDAD (vivir con sencillez y humildad, estar al lado de los pobres y necesitados, luchar por la justicia y la paz aunque suponga persecución, entregar el propio tiempo a fondo perdido al servicio del reino y de Dios, vivir en fraternidad en comunidades cristianas) pero no RIGORISMO (normas extrañas y que separen o segreguen del pueblo sencillo, sacrificios y penitencias de tinte masoquista que nada tienen que ver con Jesús y con la construcción del Reino, leyes pesadas y minuciosas que se cargan siempre sobre las espaldas -¡qué casualidad!- de los sencillos y discriminados/as).
Metz no defiende, por tanto, una libertad burguesa, acomodada, individualista (o sea, burguesa), pero tampoco una inflexibilidad rigorista y ultraconservadora. Defiende, más bien, la radicalidad en el seguimiento de Jesús. Como hace el texto de Lucas de hoy. ¡Cuántos caminos equivocados desde 1980 por hacer consistir la libertad evangélica en RIGORISMO o en FALSA LIBERTAD COMODONA BURGUESA!
¿Una prueba de que esta explicación de J.B. Metz es la interpretación correcta? Sí, la segunda lectura de hoy, sin ir más lejos. Invito a releerla en ese contexto:
SAN PABLO A LOS GÁLATAS 5, 1.13-18
Sólo un matiz más: A ese “andar según la carne” el papa Francisco le llama “mundanidad”.