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Sucede

Sucede

Sucede que a veces

no recuerdo el camino de regreso,

ni encuentro la serenidad

ante mis anhelos desvanecidos.

Sucede que a veces

navego solo en mi barca

dejándome impulsar y acariciar

por la brisa del silencio y su latido.

Sucede que a veces

siento nostalgia del encuentro

y me invade la necesidad de volver

al calor del abrazo pendiente, detenido.

Sucede que a veces

antes de entrar observo a través de la ventana,

escucho vuestras risas y las comparto dichoso,

después de quemar la nave del olvido.

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