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Extranjero en este mundo (salmo 15)

Extranjero en este mundo (salmo 15)

A veces Dios mío, Padre y Madre,

me siento un bicho raro:

no leo las intrigas de la beautiful people

en las revistas rosas,

ni veo en la televisión los reality shows,

no juego a la lotería ni a las quinielas,

no me interesa tener mucho dinero en el banco,

no me emocionan los grandes astros del fútbol,

ni los impostores de la clase política,

ni los grandes magnates

y no me dejo influenciar por las propuestas

(que solo marginan y oprimen a las personas más empobrecidas)

de la economía neoliberal.

¿Seré un ser extraño, un extranjero

en esta tierra, en este mundo?

Dijo Jesús:

«Vosotros no sois de este mundo».

No, no quiero pertenecer

a este mundo, buen Dios:

no te pido que me saques de él,

al contrario, ayúdame a entrar de lleno,

a enfangarme en el trabajo diario

por construir una tierra nueva,

pero presérvame,

que tú seas mi única herencia,

que posea solo un único capital:

Tú, porque sé que todo pasa,

sin embargo Tú permaneces

y si te mantienes a mi lado no vacilaré.

Viviré en una alegría y una paz continua,

me enseñarás el verdadero camino

que conduce a la vida y al gozo:

tu presencia misteriosa pero real en los demás,

en esta Tierra, en todo el Universo

y en lo más profundo de mí mismo.

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