El pasado 3 de julio saltó a los medios una terrible, espantosa noticia: habían matado de forma cruel, a golpes, a patadas y al grito de «maricón de mierda», en A Coruña, a Samuel Luiz, un chico homosexual, que trabajaba como auxiliar de enfermería en una residencia de mayores, era voluntario de la Cruz Roja y pertenecía a una Iglesia Pentecostal
Siguen aumentando cada día los constantes insultos, amenazas y ataques físicos a las personas de la comunidad LGTBIQ+, en un espiral alentada por las declaraciones de los miembros de las formaciones políticas de extrema derecha
"Jesús estaba ayudando a los compañeros de la Asociación Valiente Bangla, en Lavapiés, a distribuir comida a una larga fila de mujeres y algunos hombres, que estaban esperando en un impresionante silencio"
"Vosotras, sí, las personas más vulnerables y ninguneadas, excluidas, sobrantes, despreciadas, rechazadas… seréis los sujetos y artífices en la construcción de la nueva sociedad que tanto anhelamos"
"A vuestro lado recuperamos la certeza de que no todo está perdido, que la ternura es el bálsamo para las heridas y la justicia, la bondad y la compasión, el futuro más luminoso de nuestro mundo”