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Las formas en que un musulmán trata de acercarse a Dios
El ayuno islámico es una de las formas mediante las que el musulmán trata de acercarse a Dios. El Santo Corán describe el objeto del ayuno:
“Se os prescribe el ayuno para que ensalcéis a Al’lah por haberos guiado y que seáis agradecidos”. (2:186).
Al eludir la necesidad de preparar e ingerir el alimento, y disponer de más tiempo para sí, el hombre puede prestar mayor atención a los asuntos espirituales y recordar a Dios con más frecuencia. Por otra parte, el padecimiento de hambre y sed ayuda al hombre a darse cuenta del verdadero valor de los favores y bondades divinos que normalmente disfruta, de forma que aumenta su agradecimiento a Dios.
El hombre no valora adecuadamente lo que posee y sólo se percata del verdadero valor de algo cuando lo pierde. Así, cuando el hombre se abstiene de la comida y bebida durante el ayuno y padece de hambre y sed, se da cuenta del confort Dios le ha proporcionado y decide que ha de emplear una vida tan bendecida en ocupaciones útiles y buenas y no malgastarla en propósitos triviales.
Asimismo, Dios declara en el Santo Corán (2:184) que el objeto del ayuno es que el hombre alcance el estado del “taqwa”. La palabra "taqwa" se usa en el Santo Corán con tres acepciones: seguridad contra el dolor y el sufrimiento, contra las maldades y, consecución de un elevado estado espiritual.
El ayuno proporciona todo esto. A primera vista parece paradójico que el ayuno protege al hombre del sufrimiento puesto que el ayuno impone cierta cuantía de padecimiento. No obstante, la realidad es que el ayuno en la forma en que ha sido regulado por el islam y con las excepciones antes reseñadas en el caso de enfermos, ancianos, etc., actúa beneficiosamente sobre el organismo humano.
En la escala social el ayuno enseña lecciones al hombre que aseguran el bienestar a nivel colectivo. Una primera lección es que el hombre rico, que no sufre hambre o privación y que, por tanto, no se percata de los sufrimientos de sus hermanos más pobres, a través del ayuno conoce el hambre y el sufrimiento que acarrea. Ello favorece una simpatía activa que puede expresarse en medidas consagradas a disminuir la tasa de pobreza y elevar el grado de bienestar colectivo, pues es obvio que el bienestar de una nación está ligado al bienestar de cada individuo.
Otro aspecto del ayuno se refiere a que el islam busca desalentar en sus fieles a la pereza e indolencia, así como la falta de disposición a cargar con penalidades o dificultades. Desea que se muestren predisposición a soportar privaciones e inconveniencias en tiempos de necesidad. Los ayunos habitúan a padecer hambre y sed, y a ejercer el control sobre las pasiones y deseos, de forma que quienes llevan a la práctica con sinceridad este mandamiento, no incurren en la indolencia o el abandono.
El ayuno protege contra las maldades porque estas nacen de la inclinación a la complacencia material. Cuando uno se acostumbra a un determinado tipo de conducta resulta difícil renunciar a ella. Sin embargo, el que es capaz de abandonar un hábito o forma de actuar a voluntad, no se convierte en su esclavo. El hombre que para llegar a Dios abandona durante un mes entero todo tipo de placeres materiales y aprende a ejercitar el auto control y la disciplina, puede con facilidad vencer a las tentaciones que conducen a las maldades.
En definitiva, este pilar islámico busca generar agradecimiento y empatía entre la humanidad, recordando al que lo practica que el objeto de su existencia es ser agradecido a Dios por todo lo que le ha proporcionado y en segundo lugar, que ha de ser compasivo con sus semejantes.
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