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Una vida de Pasión: José Carlos Bermejo
Lleva años viajando por el mundo. Buscando ejemplos, experiencias de bien-vivir. Trabaja en un campo en el que nadie quiere estar: el duelo, el acompañamiento a las personas (y sus familias) en los últimos momentos. José Carlos Bermejo vive continuamente en una Última Cena. De hecho, en el magnífico centro San Camilo hay un rincón específico para esas 'últimas cenas', de despedida de los que van a pasar al otro lado. Por tener, hasta sello propio de vino de La Rioja para la ocasión. "No tienen vino", le dirían Jesús en su primer milagro. Si hubiera sabido dónde se metía...
Jesús estaría feliz en aquella sala, compartiendo con sus amigos la Última Cena, poniendo "más corazón en las manos", como rezaba san Camilo de Lelis, el fundador de la congregación de la que Bermejo es provincial. Este 'médico', especializado, casi obsesionado, en el cuidado -hasta el más mínimo detalle- de los que van a morir, y de tantas soledades (porque la muerte no es el único momento en que ésta está presente). Y las vive con pasión y "compasión", como reza el espíritu camilo, del que el centro de Tres Cantos es un referente mundial.
Habitaciones personalizadas, con permiso para acompañantes y mascotas, con árboles y pianos, con frases escritas en el techo "porque es el paciente, que está encamado, el que puede querer leerlas", con música y alegría, porque esta Semana Santa, si algo nos recuerda, es que el sufrimiento, la pasión y la muerte, solo tienen sentido desde y hacia la vida. Hacia una vida que merezca la pena ser vivida. Por eso Bermejo ha cuidado, y ha tenido infinitos problemas por cuidar, hasta el extremo la dignidad de los pacientes, de sus familias. De los que se irán, y de los que se quedan. Un cuidado que lucha contra la cultura del descarte, y contra la incomprensión de los que hacen política (también religiosa) desde un despacho, y no desde el dolor.
Junto a la acción, la escucha, que "es medicina para las personas que sufren" y que, junto a la compasión, y el abrazo, forman parte de la 'Sagrada Trinidad' de los Camilos. La clave, siempre, es el acompañamiento. Desde cerca, como hicieron las mujeres camino del Calvario, o el Cireneo portando la cruz del sufrimiento. O Juan, llevándose a su casa a María después del Viernes Santo. "Hacemos de ancla de esperanza ofreciendo el humilde consuelo del acompañamiento compasivo", explica Bermejo.
Y es que acompañar, también y especialmente en clave paliativa, al final de la vida, es mostrar la infinita ternura humana, que tiene tanto de divino, ante la máxima fragilidad: el morir. Un acompañamiento que ha de cuidarse también en lo estético, y en la liturgia, y en las manos que acompañan. "Con el cora´zon en las manos", como si cada enfermo, cada familiar, cada entraña de dolor, fueran propias. Como hizo Jesús cuando asumió el dolor de la Humanidad para avanzar hacia la Cruz. Para avanzar hacia una Nueva Vida para todos, todos, todos.
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