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"Me extraña que no haya refranes sobre la práctica de la religión"
En el Diccionario de 2.500 refranes de Luis de Uceda encuentro 90 sobre la religión en general, la mayoría más bien de crítica.
Me extraña que no haya refranes sobre la práctica de la religión
Solamente vagas referencias a las vírgenes y a los santos como costumbres populares o fechas del calendario.
En cambio abundan temas éticos o espirituales, pero están tratados desde la sabiduría humana, con pocas alusiones a la interpretación o a la práctica específicamente religiosa.
Algunos ejemplos:
Suele decirse que el origen de la religión es el miedo a la muerte; sin embargo entre los casi cien refranes que recoge Luis Junceda sobre la muerte, no he encontrado ninguno que ofrezca un consuelo religioso. Solamente alguna referencia a Dios en la que, como ya dijimos, reconoce con sencillez nuestra dependencia: “Matrimonio y mortaja, del cielo bajan”; “Nadie se muere hasta que Dios quiere”.
Algunas vagas alusiones, difíciles de interpretar, sobre los espíritus o el alma en otra vida: “No venga al alma cuando el cuerpo pasa”; “Yo pongo, Dios preste; si muere, fino estése”, que Junceda interpreta como crítica a los falsos curanderos.
En general son reflexiones muy sensatas, “Genio y figura, hasta la sepultura”; “Como se vive, se muere”; “Veinte con sesenta, o sepultura o cornamenta”; especialmente sobre la certidumbre de la muerte, “A todo hay remedio, sino a la muerte”. Muestra cierto resentimiento o ironía por la presunción de los más ricos: “Por grande que sea el barco, se lo tragó el charco”; “De cenas y magdalenas están las sepulturas llenas”; “Más mató la cena, que sanó Avicena”; o con una cierta envidia por esas cenas: “Muera Marta, muera harta”; o la aceptación de las contrariedades de la vida: “Muerto el perro, se acabó la rabia”; “Mala hierba nunca muere”; o con resignado realismo, “Dolor de mujer muerta dura hasta la puerta”; “El muerto, al hoyo, y el vivo, al bollo”.
Encuentro 65 refranes de sabiduría y picardía humana: “Obras son amores, que no buenas razones”; “Galán atrevido, de las damas preferido”; “El amor y el vino, sacan al hombre de tino”. Alguna alusión bíblica: “Más fuerte era Sansón, y le venció el amor”; pero sólo encuentro un refrán que penetra en lo humano más profundo, y excede la norma habitual humana: “Ama a quien no te ama, y responde a quien no te llama”, que puede estar inspirado por el evangelio.
Es un tema clave en los evangelios pero apenas se refleja en los refranes, porque la religión cristiana no ha sabido transmitirlo; se transmite con el ejemplo, pero la Iglesia no ha vivido el mensaje evangélico sobre riqueza y pobreza; solamente lo han vivido algunos santos, o algunas Órdenes religiosas en sus comienzos.
Reflejo del evangelio pueden ser “Caridad con trompeta, no me peta”; “Dar limosna nunca mengua la bolsa”; “Cuando pobre, franco; cuando rico, avaro”.
La sabiduría popular va al fondo al reconocer que “El dinero, de unos es señor, y de otros, siervo”; “La pobreza no es vileza, mas deslustra la nobleza”.
Con más frecuencia se deja arrastrar con realismo por el aprecio al dinero, “Entre el honor y el dinero, lo segundo es lo primero”, pero “Entre salud y dinero, salud quiero”.
La mayoría de estos refranes se aferran a lo poco que el pueblo tiene: “Para pasar el agua y dar dinero, nunca seas el primero”; “Si te dan dinero, tómalo al punto; si te lo piden, cambia de asunto”; “Hoy no se fía aquí, mañana sí”.
En otros temas como familia, hijos, honor, matrimonio, prudencia, sabiduría, vejez, vicios, virtudes, apenas hay alusiones a prácticas religiosas.
“Bien predica quien bien vive”;“Bien predica fray ejemplo, sin alborotar el templo”; “Cuando el abad está contento, lo está todo el convento”; “Lo que han de comer los gusanos, que lo disfruten los cristianos”; “La campana no va a misa, pero avisa”; “Con tanto decir amén, no sale la misa bien”.
“De pobres pañales, obispos y cardenales”; “Caga el rey, caga el Papa; sin cagar, nadie se escapa”.
“La fe Fe, sin ojos ve”; “Al médico, confesor y letrado, hablarles claro”; “Cuando caen los altares, se alzan los muladares”; “Los truenos y el mar, enseñan a rezar”.
A pesar de que relativiza las creencias y los excesos
“Hágase el milagro, y hágalo el diablo”; “A santo que no me agrada, ni padre nuestro ni nada”; “Cuando el corsario promete misas y cera, mal anda la galera”; “Del agua bendita, poquita”; “Largos sermones, más mueven culos que corazones”; “La monja y el fraile, recen y callen”. Como dice un “refrán” romano: “Ne quid nimis”, Nada en demasía.
“El hábito no hace al monje”; “Al fraile y al cochino, no les enseñes el camino”; “Comunicación con Dios, dijo el fraile, y la puerta cerró”; “A la Virgen salves, a Cristo credos; pero los cuartos quedos”; “Reniego del sermón que acaba en daca”; “Tres cosas hacen al hombre medrar: Iglesia, mar y casa real”.
“Detrás de la cruz está el diablo”; “Fe sin obras, comida de agua sola”; “El Infierno está lleno de buenos deseos; y el cielo, de buenas obras”.
Creo que los refranes del pueblo coinciden inconscientemente con el consejo de Bonhäffer: “Ante Dios y con Dios… como si Dios no existiera”.
Dios se comunica mejor con nosotros a través de la conciencia que a través de una religión organizada, aunque ésta ha despertado muchas conciencias dormidas.
En la parábola del buen samaritano, la voz de Dios quedó distorsionada por la tradición religiosa del sacerdote, pero llegó limpia a la conciencia del samaritano.
Los primeros cristianos dieron testimonio en todo el mundo conocido, y Esteban afrontó el martirio, movidos por su adhesión a Jesús y a su proyecto, no por unas ideas sobre la Iglesia o la cristología, que apenas comenzaban a elaborarse.
Como reconoce el Papa Francisco, existe una tensión bipolar entre la idea y la realidad, pero “la realidad es más importante que la idea” (Evangelii gaudium nº 231-33).
La realidad de la conciencia, la realidad de la experiencia ética, mejor o peor expresada en los refranes, es más importante que las formulaciones teóricas de las religiones, aunque ambas son complementarias y deben depurarse mutuamente.
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