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"Ha iniciado un cambio cultural en la Iglesia que ya está en pleno apogeo"
(katholisch).- El papa Francisco no lo pone precisamente fácil: hace unos días se quejaba de que hubiera demasiado «mariconeo» en los seminarios; ahora se ha sabido que había escrito a un exseminarista que tuvo que renunciar a sus aspiraciones profesionales por su homosexualidad. “La Iglesia debe estar abierta a todos. Sigue adelante con tu vocación", le decía Francisco en su carta al joven. ¿Eso encaja? Y el jefe de la Iglesia, ¿se refiere aquí a la vocación de un sacerdote?
Otro ejemplo de la incoherencia y la falta de claridad del Papa es el diaconado de las mujeres: después de varias comisiones sobre la cuestión de si las mujeres pueden ser ordenadas diáconos, este tema también se planteó en el sínodo en el Vaticano en octubre. Francisco creó un grupo de estudio sobre la ordenación de mujeres en marzo, pero incluso antes de que esta nueva comisión pudiera empezar a trabajar, el Papa se pronunció en contra de la ordenación de mujeres diáconos. Una vez más, el Pontífice se contradice y sigue sin estar claro si acaso puede contemplar un ministerio de diaconisas sin ordenación sacramental.
Con los predecesores del actual Papa, ni siquiera era posible hablar abiertamente de «temas candentes» como la homosexualidad, la ordenación de mujeres y muchas otras cuestiones de la Iglesia
Es comprensible que estas declaraciones y mensajes contradictorios del Vaticano causen indignación. Esto es particularmente cierto para los creyentes de áreas culturales donde la gente está acostumbrada a una comunicación directa y sin ambigüedades. Sin embargo, las contradicciones de Francisco deberían hacer que los católicos de mentalidad reformista se de cuenta y tomen nota: indican cambios en la Iglesia que se acercan lenta pero inexorablemente. Porque con los predecesores del actual Papa, ni siquiera era posible hablar abiertamente de «temas candentes» como la homosexualidad, la ordenación de mujeres y muchas otras cuestiones de la Iglesia.
Es un gran mérito de Francisco haber sacado a la luz las contradicciones y la asincronía de la Iglesia universal. Esto desplaza los límites de lo que se puede pensar y decir en la Iglesia, aunque a pasos muy pequeños para los estándares alemanes. Cualquiera que haya entendido esto se da cuenta de que el pontificado actual es un tiempo de siembra y no de cosecha. De Francisco no cabe esperar grandes reformas, es un conservador. Sin embargo, ha iniciado un cambio cultural en la Iglesia que ya está en pleno apogeo y que dará sus frutos con sus sucesores. A pesar de todas las molestias justificadas sobre la comunicación del Papa, hay que reconocer este logro. Aunque probablemente no sea fácil para nadie.
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