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Una monja y el emperador Federico Barbarroja
Suelo escribir sobre “los monjes y... tal y tal”. Hoy lo hago sobre una monja y el Emperador Barbarroja. Se trata de Hildegarda de Bingen, cuya memoria se ha celebrado estos días, el 17 de septiembre, la cristiandad. Llevo muchos años escribiendo sobre esta persona y su obra, divulgando y comentando sus excepcionales escritos. Es fácil recabar información sobre ella en Google y Wikipedia, para los menos expertos, y para los más avezados hay una gran multiplicidad de publicaciones divulgativas y científicas.
Se ha fantaseado también mucho sobre ella; pero en la actualidad se le han dedicado documentales, películas, monumentos y homenajes varios en muchas partes del mundo; pero, especialmente, en Alemania.
Se trata de una mujer culta, entregada a la ciencia, la medicina y la espiritualidad de su tiempo y en su tiempo. Con esfuerzo e inteligencia rompió muchas de las barreras que circundaban a las mujeres allá por el siglo XII.
Esta mujer tuvo gran amistad con el emperador Federico Barbarroja. Fundó dos monasterios y no tuvo empacho en censurar la actitud de Federico Barbarroja durante el conflicto de las investiduras entre el Papa y el Emperador: “Te comportas como un niño”, le dijo. Dejo para otro día u ocasión explicar lo de las “investiduras” (tema que resultaría muy actual a ver que muchos mandatarios políticos “invisten” a diestro y a siniestro y sin consideración a sus partidarios y favoritos, seguidores fieles y muñidores varios...).
Pero lo que toca ahora es poner de manifiesto la actitud de una mujer que, en tiempos en que se desconocía eso de la “paridad” le largó un zasca al mismísimo emperador y le echó en cara sus pataletas, sus cobardías y su falta de coherencia... “Te comportas como un niño... y no como un hombre de Estado, de visión, de sabia negociación...”. Hoy día, en tiempos de “paridad”, en que hay muchas mujeres en puestos de responsabilidad a todos los niveles, a la sombra de muchos políticos a los que les falta visión de conjunto, y que incluso comparten lecho con ellos... pues parece que no hay ninguna que se arremangue y les diga que “se comportan como unos niños...”. Y por muchos alardes que hagan de feminismo, a la larga, no se atreven a romper algunas barreras que les hagan más independientes y menos serviles, de modo que, de inmediato, se transforman en colaboradoras directas de corruptelas, apaños políticos y ríen las gracias de sus líderes de papel brillante.
Hildegarda, como otras mujeres del siglo XII que van saliendo cada vez más a la luz, y es fácil documentarse sobre ellas (para que no se diga que son invenciones mías o “cosas de bibliotecas de monjes”...) jugaron un papel importante en la sociedad y la política europea de los siglos XII, XIII y posteriores (así como lo hicieron también algunas grandes mujeres del mundo griego y romano... y hasta una hubo, mora digna ella, que le soltó a su hijo que “llorara como mujer lo que no había sabido defender como hombre...").
Bueno, pues a mí me parece que así como en la Iglesia las mujeres están librando su batalla muy dignamente, aunque no sin dificultades, para ser reconocidas y poder ejercer sus funciones sin que estas sean una “concesión” por parte de otros, sino un derecho que les pertenece y destacan cada vez más en diversos campos y levantan la voz sin el miedo antiguo... Y lo mismo puede decirse en otros campos de la literatura, la ciencia, la investigación y la tecnología, las mujeres de vocación política y social, andan más atrasadas y no se atreven a decirles a sus líderes y valedores “que se comportan como unos niños...”, y a pesar de su feminismo rampante y proclamado, se someten a criterios, prácticas y hábitos políticos muy “machistas” (en lo que se refiere a prepotencia, cortedad de miras y violencia... que son unas pocas características del “machito” español...). O sea, que parecen unas cobardicas (no todas... que alguna ya ha salido escaldada... pero llevaba razón...). O sea, que desde un feminismo “ortodoxo” y no montaraz como a veces se ve pululando por ahí... no aportan ninguna novedad ni color especial al mundo de la política y la sociedad, que hoy necesita intuición, perspicacia, paciencia, tolerancia y elegancia, firmeza y aseo democrático... que es lo que caracterizaba a Hildegarda y a otras muchas féminas inteligentes y sabias de la antigüedad y de siempre (solo que a veces se les ve más y otras menos... pero siempre han estado ahí). Lo que se debe pedir a las de ahora, sobre todo si se dedican a la noble profesión de la política, es que, al ser más vistas, al tener más posibilidades de decisión y a salir más en los medios, ¡por favor, que honren a sus antepasadas... que no se dejen arrastrar por los lodos de una política que lo embarra todo y limpia poco! ¡Que estén a la altura de mujeres que supieron leer la cartilla a Emperadores, Reyes y Papas... que haberlas haylas!
Hildegarda no fue ni “copilista” ni “plagiadora”; era muy observadora, analizaba causas y efectos, anotaba experiencias... escribía con claridad y sabía que no lo sabía todo, por eso ni engañaba ni manipulaba. Y ahí está su obra. Eso sí, era un poco radical, puntillosa y perfeccionista... pero eso es fácil de perdonar.
*Abadía Cisterciense de Viaceli. Cóbreces (Cantabria)
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