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Las misas están faltas de 'misa'
En el batiburrillo -y algo más-, orquestado alrededor de las misas tridentinas, en latín y de espaldas -¡siempre de espaldas!- al pueblo, cualquier reflexión sobre el tema, su liturgia, teología y pastoral será de provecho para los “feligreses”, o ”hijos de la Iglesia”, tal y como salmodia su etimología de “filii Eclessiae”.
Esta es lisa y llanamente la intención de estas sugerencias, después de recordar que “en la misa se celebra el sacrificio del cuerpo y la sangre de Jesucristo, bajo las apariencias del pan y del vino”, que es la Eucaristía, y de descubrir que entre sus acepciones destacan, por ejemplo, la de “como si dicen misa” (expresión que se usa para indicar indiferencia o despreocupación, o la de “no saber de la misa la media/mitad”, que equivale a reconocer ignorancia o no entender gran parte del asunto de que se trata”.
“Oír”, “estar”, “dar”, “ir”, “asistir” a la misa, son expresiones que delatan la nesciencia-ignorancia que padecen los fieles y, en ocasiones, los mismos celebrantes, no todos conscientes, ni siquiera de lo que etimológicamente significa “misa” y sus porqués.
Convertida la misa en “precepto” dominical y festivo, -“norma u orden a cumplir bajo pena de pecado grave”- pierde parte importante de la teología y de la Biblia sobre la que se asienta.
La pregunta frecuente de cuánto vale o cuesta, una misa, y además si es “gregoriana”, con uno o más curas, cantada o rezada, y encargarla previo conocimiento del precio establecido en aranceles y tasas parroquiales, con el correspondiente aditamento de si el celebrante “principal” es obispo, con capa magna o sin ella, aminora la santa eficacia de la misa en sufragio de los fieles difuntos, o en agradecimientos a favores recibidos o por recibir. Las misas -el sacramento de la Eucaristía - i se compra ni se vende.
Las misas en latín son casi todo, menos misas. Estas son Evangelio, común-unión, banquete eucarístico y entrenamiento y ejercicio de padrenuestro, comunicación, presencia, cercanía, fraternidad, humildad, reconciliación y humanidad.
Además, son “homilía”. Es decir, “charla de amistad” en la que intervienen también laicos y laicas, e impiden que ellas-las homilías- sean “sermones”, con su carga académica de “reñir” o “reprender” sistemáticamente al personal. “Sermonear” no es verbo sagrado y menos litúrgico.
Cobrar aparte la homilía o sermón, es un mal negocio, además de haber tenido que “sufrir” la ceremonia y el rito en latín, de cuya lengua está ignorante el pueblo de Dios y el otro, con eso de los múltiples cambios impuestos por las Leyes de Educación, al dictado de los políticos o politiquillos de turno.
Las homilías, lo mismo en latín que en castellano y otras lenguas vernáculas, muy difícilmente ayudaron a enseñar el santo Evangelio y a la conversión. Su lenguaje y tono con clericales por todos sus gestos, sílabas y tonos y el aburrimiento las cortejan de manera inequívoca y ritual.
Vestidos y revestidos los celebrantes “de raro”, con gestos, signos y símbolos tan paganos, es -suele ser- muy cicatero y corto el interés por seguir el ritmo de los principales episodios de las misas, como son la Consagración, darse la paz, recibir y practicar la Comunión y convencerse de que la misa capacita y entrena para la “misión” confraternal de la vida real.
El altar, su liturgia y adornos en las misas solemnes o pontificales, jamás podrán identificarse o confundirse con pasarelas en las que obispos o aspirantes a serlo, lucen sus atuendos litúrgicos, con sus bordados y pedrerías, impropias de actos eminentemente sagrados y sacramentales.
No es de extrañar, por tanto, que a los parroquianos les resulte inimaginable identificar a Jesús, a sus apóstoles y a las santas mujeres, en la Santa Cena y en otras familiares, amistosas o sociales.
Y, mencionando a las mujeres, ¿cuándo, cómo y por qué ellas no presiden ya las celebraciones litúrgicas, al igual que lo hacen los señores curas u obispos, por el hecho simplemente orgánico y “natural” de haber nacido “varones”?
¿Como es posible que, con un mínimo de cultura litúrgica religiosa, se añoren los tiempos de las misas en latín a las que “se asistía” para cumplir el precepto, y en las que se rezaba el santo rosario, se hacía el Vía Crucis, se confesaba o se atendían otras devociones?
De por sí y porque sí, no habría que rechazar como imposible la participación en las misas de miembros de otras religiones e Iglesias, desde el feliz convencimiento de que Jesús no le obstaculizara a nadie hacerlo en las suyas, sin tener que someter a un previo examen de conciencia, o de ideología, a los “compa-ñeros”, o partícipes del mismo pan, que era, y sigue siendo, ÉL?
NOTA: Subscribo mayoritariamente el “adelanto de una misa presidida por un no sacerdote”, y con todos los pasos litúrgicos dados para su celebración y que fuera publicado en RD con la firma de Juan Masiá, S.I.
El esquema que caracteriza y rige las misas en sus versiones privadas y también en las solemnes, está falto de actualidad, pastoral, teología y verdadera liturgia, al igual que sobrado de ceremonias, ritos y palabrerías obsoletas e incomprensibles. Le sobra clericalismo y episcopalidad, y le falta evangelio y actualización de la doctrina cristiana. Apostamos por su pronta, santa y profunda reforma. Necesitamos “otra” misa, otra liturgia, es decir, otra Iglesia, para que esta lo sea -y lo será- de verdad.
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