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Necesitamos no solo entornos, sino contornos y dintornos eclesiales más seguros
Se espabilan los obispos colombianos al buscar no solo ‘entornos’ eclesiales más seguros, sino que apuestan por ‘contornos’ que delineen el rostro de una Iglesia fiel a su vocación de cuidar, así como de ser capaz de vivir esa cultura del cuidado en su ‘dintorno’, tanto por los ‘curas’ (los que cuidan) como por todos sus agentes evangelizadores, en lo que atañe al lastre de los abusos.
El asunto por sí mismo es incómodo, -no debería existir-; ya la vivencia misma del Evangelio debería tener el poder de enriquecer nuestro dintorno, proteger nuestros entornos y perfilar nuestros contornos. Pero los abusos morales, sexuales y de poder, que como demonios silentes y agazapados rondan en las comunidades de fe, necesitan diversas clases de acciones preventivas y liberadoras.
Una de ellas son las jornadas de talleres: “Iglesias Particulares Seguras y Protectoras”, que se están llevando a cabo en diferentes zonas del país, en la que participan laicos, consagrados, clérigos, encabezados por sus obispos, en un ambiente fraterno, que despierta cada vez más confianza y que permite esbozar semblantes de tranquilidad, a pesar de los vergonzosos casos que aún nos afligen.
El último de ellos se llevó a cabo en la arquidiócesis de Florencia, a la que asistieron, además de los expositores peritos de la Conferencia Episcopal, agentes de toda la provincia eclesiástica y que, acogidos por monseñor Omar de Jesús Mejía Giraldo, sentaron las bases de un trabajo serio, consciente y argumentado de este empeño de todos los obispos de Colombia.
Un agradecimiento, particular a monseñor, Luis Manuel Alí Herrera, obispo auxiliar de Bogotá y secretario de la Conferencia, quien lidera los procesos de una Iglesia con entornos de cuidado en todo el país. Pues no solo le ha bastado con hablarnos de ‘entornos eclesiales seguros’, sino que ha sabido argumentar la tarea enriqueciendo con la cultura del cuidado los dintornos eclesiales, para que cada vez más entre todos, asumiendo los retos de los casos dolorosos, -pero que sabremos llevar a delante-, tengamos un rostro eclesial más limpio en sus contornos.
El asunto no consiste solo en señalar, juzgar y condenar, sino en acompañar a las víctimas y prevenir situaciones qué lamentar. No somos una Iglesia inquisidora, la misericordia debe invadirnos desde la prevención hasta la atención jurídica de los casos denunciados, para sacar el mejor provecho que pueda evitar nuevas situaciones qué lamentar.
Este es el video resumen. Vale la pena dedicarle unos pocos minutos:
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