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¿Está todo perdido? Claves para no deprimirse
El contexto mundial actual, profundamente convulso, se caracteriza en lo relativo al respeto a los Derechos Humanos por tres factores: El primero es la aceptación desvergonzada y acrítica de situaciones en las que se vulneran los Derechos Humanos. El segundo es la existencia de campañas de deslegitimación intencionada orquestadas por determinados actores políticos, mediáticos y sociales-entre los que se encuentran cada vez más gobiernos- hacia los derechos humanos en sí, hacia el Derecho Internacional de los Derechos Humanos e incluso hacia los Organismos internacionales encargados de su protección y defensa. El tercero es la pasividad, complacencia o en el mejor de los casos, actitud tibia y equidistante de Estados (como el español) y organismos supranacionales (como la Unión Europea), ante flagrantes violaciones de derechos humanos.
Es importante destacar que, si bien este contexto se ha mostrado con toda su crudeza en el momento actual, lleva décadas fraguándose y las pocas voces que han advertido del deterioro en la confianza de los derechos han sido desoídas cuando no despreciadas. A mayor abundamiento, existen dos claves que pueden contribuir a dar luz para comprender cómo se ha llegado hasta el momento presente en el que el desprecio por una parte y la desafección y falta de confianza por otra hacen tambalearse el "Edificio" de los Derechos humanos.
Primera: En los prolegómenos de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, Eleanor Roosevelt, presidenta de la Comisión encargada de su redacción, manifestaba en las notas de su diario su malestar y pesar por el hecho de que los países representados en la misma anteponían su prestigio y sus intereses nacionales al hecho mismo del contenido, interfiriendo de múltiples maneras en la redacción e intentando quitar todo carácter obligativo para que así quedara en una mera declaración de intenciones. Ello cuando todavía se encontraban presentes las imágenes de la barbarie cometida en los campos de concentración nazis.
Segunda: En el mismo documento de la Sesión Plenaria de la Asamblea General de las Naciones Unidas en el que se recoge el texto de la Declaración, y a continuación del mismo, se incluyó un apartado relativo a la publicidad que se debería dar a la Declaración de los Derechos Humanos, en el que se recomendaba a los Estados miembros que se valieran de todos los medios para difundir el texto en las escuelas y establecimientos de enseñanza dado que la misma declaración se consideraba como esencial para liberar al ser humano de la opresión y las restricciones injustificadas y consolidar la paz mundial. Sin embargo, son contados los Estados que han incorporado en su día a día el contenido del derecho internacional de los derechos humanos y también los que han realizado el esfuerzo de formar, en los diferentes niveles educativos a una ciudadanía consciente en derechos humanos.
Cabe por tanto concluir, que hay dos fallos en la misma génesis de este momento y que son dos caras de la misma moneda: por un lado la falta de confianza real de los Estados en los derechos humanos, de otra, la falta de voluntad en promover su conocimiento entre la población para que sea menos consciente y más sumisa.
Ciertamente, la falta de compromiso de los Estados con los derechos humanos es un elemento explicativo fundamental para comprender el momento de fragilidad en el que estos se encuentran. Sin embargo no cabe desdeñar el peso que el paradigma neoliberal ha tenido en el intento de erosión de estos derechos y que se podrían resumir en "cinco M": mercado, meritocracia, miedo, mentira y miseria y que han producido lo que autores como Víctor Renes o Francisco Lorenzo denominan "la gran desvinculación" que se concretaría en una respuesta negativa a la pregunta ¿soy yo acaso el guardián de mi hermano? Fruto del creciente individualismo y aislamiento del otro al que va a contribuir de una manera definitiva el desarrollo del metaverso.
El dolor inmenso que produce la violación de los derechos humanos, la impotencia que produce ver a tantas personas víctimas de abusos a su dignidad, la rabia que genera ver la falta de compromiso de muchos Estados con el cumplimiento de los derechos humanos que ellos mismos ratificaron en tratados, y convenciones, no debe hacernos perder la perspectiva de tantas personas que día a día hacen posible la promoción de los mismos y su ejercicio cotidiano, que son capaces de denunciar, aun a costa de sus propias seguridades, la vulneración de los mismos y que sueñan con la utopía , como bien decía Elenor Roosevelt en su oración diaria, por hacer un mundo nuevo. Ejemplos de personas como Antonio Guterres, secretario general de Naciones Unidas, renuevan la esperanza en este organismo. Voces como las de Francisco, con su incansable búsqueda de la paz, nos muestran que ni mucho menos está todo perdido, pero también, que hay que seguir luchando incesantemente.
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