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"Los elogios merecidos a mi paisano"
Querido José Manuel: Pese a que “Dios nos libre del día de las alabanzas”, tengo que decir que las tuyas sobre el común amigo Antonio Aradillas, superan con creces dicho adagio vulgar. Son muy merecidas y las comparto en su totalidad.
Yo no puedo presumir de autor de 95 libros, pero sí de parecerme mucho a él. He pasado por los tragos amargos que él pasó con la Jerarquía eclesiástica oficial y le comprendo.
Por ello, como extremeño con espíritu de conquistador, nunca colonizador, que tal vez nos da la tierra, te agradezco tus elogios a mi paisano, Antonio Aradillas, tan de justicia en honor a la VERDAD.
Apareció siempre como el “cura”, pero sin aspiraciones de grandeza ni lucro, en la humildad, como servidor de su madre la Iglesia, tan querida para él, haciendo suyas las palabras del Apóstol, “proveo a mis necesidades y a las de los míos con el trabajo de mis manos”.
En esto, créeme, también me parezco a él. Nunca he presumido de nada. De ahí mis enfrentamientos permanentes con la Jerarquía, de la que, como él, tampoco dependo ni en razón de cargos, soy Canónigo de oposición, ni de dinero, que me suministra el Ministerio de Educación y Ciencia por mi oposición ganada en Madrid como Profesor Numerario de Ciencias Sociales del MEC.
También he desempeñado cargos no remunerados en Acción Católica, Adoración Nocturna, Cursillos de Cristiandad, Hermandades del Trabajo, etc. He creado con mi imaginación, sin dinero de la Iglesia ni público, las dos Residencias, de verano en Punta Umbría, para los pobres y discapacitados, y Universitaria en Badajoz, la primera mixta, pero escrituradas a nombre de Obispado Diocesano. He concebido siempre a la Iglesia como servidora, no dueña de un poder mundano que nadie le dio, considerando que “el poder se sube a la cabeza cuando encuentra un cerebro vacío”, como en el caso.
Por eso, pienso que he cumplido, como Antonio, el precepto con el Evangelio en la mano, lejos de normativas de los hombres, que justifica mi rebeldía evangélica. Participé días atrás en las exequias de la madre de un compañero y pude observar el malestar de los sacerdotes con sus obispos, lejanos a ellos y tiranos, a los que siguen por razones económicas y del cargo. Algunos me felicitaron por mi independencia, común con la del amigo Antonio.
Gracias por todo, amigo José Manuel. Un fuerte abrazo de Juan Antonio.
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