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"Agobiados por mil preocupaciones, mirando para otro lado, dormitando sin conciencia"
¿Claudicamos ante la realidad de mundo? Nos dejamos manejar por curas, obispos y demás jerarquía.
¿Dónde estamos los cristianos ante el abandono a las mujeres afganas, ante las guerras de tantos conflictos?
Ante la precariedad de muchas familias que hay en España y en Latinoamérica y otras partes del mundo, ¿dónde estamos los cristianos?
¿Esperamos que los obispos de nuestras ciudades nos convoquen para luchar contra los crímenes que van en contra del amor y la justicia? Podemos esperar, como esperó Godot en la obra de Samuel Beckett.
Pero esa jerarquía sí nos moviliza para salir en contra del aborto, sí nos utiliza contra los homosexuales y la eutanasia, monotemas recurrentes. Pero cuando hay que dar la cara de verdad no nos convocan, ni nos convocarán para luchar contra la injusticia y la opresión. Se necesita para ello seguir a Jesús de Nazareth, empaparse y ponerse a disposición de nuestro señor Jesucristo, verdaderamente.
Existe una pequeña iglesia silenciosa, interna en lo espiritual, que está conformada por cualquier persona de este mundo que intenta ser mejor cada día e intenta amar y dar amor, aunque no se tenga conciencia de pertenencia.
¿Qué solución tenemos ante tamaño silencio?
Primero no esperemos los cristianos que nos convoquen para luchar y salir y denunciar.
Organicémonos, poco a poco, desde la oración con base en el Evangelio, en comunidades pequeñas autogestionadas que se reúnan para reflexionar, hablar, debatir, aunar esfuerzos y actuar en aquellos casos donde el amor y la justicia sean aplastadas, y que esas comunidades, esas asambleas nos aseguremos que no sean coordinadas por ningún cura aunque puedan formar parte de ellas. Que no tengan dirigentes y podamos participar en igualdad y plantear en libertad alguna iniciativa constructora de nueva humanidad. Bien sea en el campo de la cultura, la salud, la concienciación o la educación…
¿Dónde estamos los cristianos? Agobiados por mil preocupaciones, mirando para otro lado, dormitando sin conciencia, manipulados por mil engaños y distracciones.
Cristo espera que empecemos a dar la cara. Seguir a Cristo implica dar pasos, liberarse de jerarquías y TOMAR LA INICIATIVA.
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