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"Por encima de todo, fue una persona bondadosa y generosa"
Fray Alexis G. de León fue un dominico en quien se cumplió aquello que dice la Escritura: «y pasó haciendo el bien». Nos conocimos hace ya 23 años, en la Basílica de Candelaria. Él estaba recién llegado a la isla y pronto entablamos conversación a raíz del origen vallero —de Valle de Guerra— de su madre.
Con el paso de los meses acabaríamos hablando de lo que me hacía el párroco de mi pueblo mientras me confesaba. Aún recuerdo su reacción: se levantó, me abrazó con fuerza y me dijo: «Ciro, lo siento mucho. Estaré a tu lado y juntos saldremos de esto».
Ese pequeño gesto lo convirtió, irremediablemente, en esa defensa y ese baluarte que canta la boca del salmista. Además de confiar y creer, estuvo a mi lado cuando pocos querían estar.
Por encima de todo, fue una persona bondadosa y generosa. Acompañó a muchos en su enfermedad, en sus cuidados e, incluso, en la muerte. No solo a sus hermanos de comunidad o feligreses, sino también a mi madre.
Fue consuelo, acogida y refugio para quienes pedían ayuda desde el desgarro que produce el sufrimiento; un firme defensor del diálogo como único camino para resolver conflictos; un hombre que amó a su madre, a Dios desde su vocación y, por supuesto, a la Orden de Predicadores.
Disfrutaba de la buena conversación y de la risa compartida. Hablaba con cariño de sus años de formación en Valencia. Y algunos conocimos el legado de Pablo VI gracias a que lo mencionaba con frecuencia.
Aunque no siempre fue comprendido, no era difícil sentir a Dios cuando él cogía su guitarra y se ponía a cantar. Tenía una voz que erizaba la piel. Y también conoció la soledad y el sufrimiento… pero su frase era «el coraje de ser».
El padre Alexis nos dejó de la misma manera que fue su vida. Quedan sus reflexiones profundas sobre Dios y cómo, desde la fe, imbricar el sufrimiento, el dolor, la enfermedad y la esperanza de quien confía.
Sean estas palabras una muestra de gratitud hacia él, su acompañamiento, su ministerio y su vocación dominicana. Sirvan, además, como abrazo en la distancia a su madre, su hermana, sus hermanos y sus sobrinos. Y por supuesto a sus hermanos dominicos, a toda la familia dominicana y a quienes lo quisieron.
Muchas gracias por tu vida, por todo lo bueno que compartimos y por ayudar a mi familia. Que el predicador de la gracia te una a los santos en la eterna comunión de los frailes predicadores. Hasta siempre, querido Alexis.
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