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Esperando al destino
El mundo da vueltas y la historia se repite. Es como la moda, que siempre vuelve, aunque con ligeros retoques.
Estos días se leía en un titular: Francisco recuerda Auschwitz: "Si perdemos la memoria, aniquilamos el futuro"
Acabo de empezar un libro de esos que te conmueven apenas lo abres. Es ‘Vida y destino’, de Vasili Grosman. Me quedan 50 horas de lectura, según indica mi libro eléctronico, y de golpe me transporta a una realidad que reconozco y aborrezco, al presente más negro. Es la reflexión de un personaje sobre el campo de concentración alemán donde se encuentra. Transcribo literalmente:
“Las decenas de miles de habitantes de los barracones del campo compartían el mismo destino, el mismo color de tez, la misma ropa, el mismo paso extenuado, la misma sopa a base de nabo y sucedáneo de sagú que los presos rusos llamaban «ojo de pescado»(…) Para las autoridades del campo, los prisioneros solo se distinguían por el número y el color de la franja de tela que llevaban cosida a la chaqueta(…) Especialistas en física molecular o en manuscritos antiguos yacían en el mismo camastro junto a campesinos italianos o pastores croatas incapaces de escribir su propio nombre(…) El nacionalsocialismo había creado un nuevo tipo de prisioneros políticos: los criminales que no habían cometido ningún crimen”
Mientras leo estas palabras, mi mente va colocando otras, sin querer:
“Las decenas de miles de habitantes del campo de refugiados comparten el mismo destino, la misma ropa, el mismo desasosiego, la misma sopa a base de pasta y caldo concentrado (…) Para las autoridades europeas, los refugiados solo se distinguen por las cifras que envía ACNUR y por el país del que huyen. Para los trabajadores del campo, por el color que llevan cosido a la chaqueta y que indica cuál es su lengua (…) El neoliberalismo ha creado un nuevo tipo de negocio y de prisioneros: los refugiados, que no han cometido ningún delito”
Vasili Grossman nunca llegó a ver publicada su obra, que fue censurada y que salió clandestinamente de la Unión Soviética, microfilmada, en los años 80... Milagros del destino. Yo me pregunto si ese destino es democrático y llegaremos a ver a estos nuevos criminales en los tribunales, completando así el círculo de la historia, algún día.
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