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"¿Cómo se puede entender este ofrecimiento divino?"
El misterio[1] del nacimiento de Jesús, que narra el Evangelio de San Juan, es sin duda un hecho novedoso donde Dios toma postura personal con su Hijo, que fue traído a este mundo por el sí de María en acto de fe. Nada más y nada menos que su madre biológica que veló por Él y que valga la pena decir, no se entiende como aún la mujer sigue ocupando lugares secundarios en el oficio de la iglesia católica[2].
En el contexto de nuestra celebración, hoy se nota la supremacía divina que se da a conocer a la humanidad, revelando Dios su “gloria”, morando en modo secreto en la carne de Cristo[3]. Se podría decir que Dios se autodona en su Hijo, mostrando su punto culminante en la obra del niño, que lo posibilita y lo esclarece del todo[4], revelando en Él su esencia[5]. Y, por ende, elevando a la humanidad, a los demás, a tener una vida en Abundancia.
Significa entonces, que este conocimiento que ingresa en la esfera de lo humano, corresponde a su naturaleza divina, donde Dios es dueño pleno de la vida de Jesús. Una acción y manifestación de la “fuerza y sabiduría de Dios”[6]. Dios visible en su Hijo como ser humano en el que aparece el reflejo del Padre, viniendo a ser ente corpóreo sin estar separado de su condición divina, conservando su cualidad tanto allá como acá; para seguir a Agustín de Hipona cuando dice: “En el mismo sentido en que se llama Palabra se llama Hijo”[7]; Jesús idéntico al rostro de Dios[8], que a su vez acerca a la humanidad para que sea responsable de su Palabra, y en consecuencia sea así considerado como verdadero cristiano al ser partícipes de la filiación divina[9].
Luego, este pan único que ha bajado del cielo[10], como carne por la vida, es Dios que se exterioriza desde su esencia metafísica entrañando una declaración soberana al mostrarnos su vida en su Hijo Jesucristo y que se reconocerá sabiendo quien Es. Este niño sencillo y humilde que hoy yace delante de mí, no es Dios lejano sino cercano, que implanta una vida de plenitud en la libertad, la justicia, la paz y la esperanza.
Un milagro integro, de iluminación completa sobre el significado de la vida, tal como cita el apóstol Pablo en el Areópago de Atenas: “Pues en Él vivimos, nos movemos y existimos”[11]. Es Jesús, en el que Dios hoy nuevamente se define como Dios humano que ha venido al mundo comunicando el misterio de su nombre en su Hijo para nosotros[12], como alimento espiritual[13]. Su Hijo, el único y “… Sumo Sacerdote excepcional que ha traspasado los cielos, Jesús, el Hijo de Dios, …”[14], que clama por toda su riqueza, para que el hombre participe de todos sus Bienes y pueda superarse en favor de sí y los otros, como reza el Padrenuestro en forma plena. Plegaria de entrega concisa, siempre abierta, de apertura a permanecer en ella con alegría[15].
Dicho esto, ¿cómo se puede entender este ofrecimiento divino? ¿por qué la entrada en la carne como luz para el mundo? ¿cuál es el fundamento de esta sorprendente acción de Dios para revelarnos la verdad? Pues, este ingreso triunfal de descendencia en la humanidad de Cristo, bien se explica desde su demasía de Amor, que acaece en su misma interioridad y que se transmite al hombre en su condición de persona para asimilar esta verdad de unidad[16]. Amor éste, que se devela totalmente, hasta más no poder, incluso sorprender, como sucede en la pasión, la muerte y la resurrección.
Ahora, en Navidad, la obra de Dios en modo perfeccionada está cumplida, pues no podemos imaginarnos cosa distinta que todo en Él, a partir de este movimiento de abertura fundante en Jesús, es un acontecimiento que irradia la verdad, la bondad y la belleza del Padre en grado sumo[17].
¡Adoremos a Dios!
¡Feliz Navidad!
25.12.2024
padineil4@gmail.com
[1] Se cuenta que san Agustín se encontraba paseando por la orilla del mar en Ostia, meditando sobre la realidad de Dios. Al ver un niño que recoge agua en un cubo del mar y la vacía hacia un hoyo, le pregunta: ¿qué haces? Y el niño responde, estoy sacando toda el agua del mar y la voy a poner en este hoyo. A lo que san Agustín responde que es imposible; pero el niño responde: “más difícil es que trates de entender el misterio de Dios”. Indicando que cualquier interpretación se queda corta respecto a la grandeza de lo divino. Sea el pasaje anécdota o no, deja ver la profundidad de su significado.
[2] Para un enfoque cualificado léase al teólogo L. BOFF. Por ejemplo, el artículo: La fuerza de los pequeños, en, El sacerdocio de las mujeres:
https://www.religiondigital.org/
[3] Cf. R. SCHNACKENBURG. El Evangelio según san Juan, vol. 1, pp. 254-259. 4 Cf. Ibid., p. 282.
[5] Cf.K. BARTH, Esbozo de Dogmática, p. 55; A. HAMMAN, La oración, p. 402.
[6 ]1 Cor 1,24
[7] S. AUGUSTINI, De Trinitate. VII, 2.
[8] Cf. Jn 1,16
[9] Cf. I. DE LA POTTERIE, La verdad de Jesús, p. 14-20; J. COMBLIN, Théologie de la paix, p. 85; Jn 18,37; 1 Jn, 3,18; 2 Jn 4
[10] Cf. Jn 6,51
[11] Hch 17,2
[12] Cf. J. RATZINGER, Jesús de Nazaret, p. 170.
[13] Cf. J. SCHMID, El evangelio según san Mateo, p. 193; A. PADILLA, Yo soy la Verdad [artículo publicado en revista teológica Estudios Trinitarios]; S. JERÓNIMO, pp. 68-69; M. GRILLI ‒ C. LANGNER, Comentario al Evangelio de Mateo, p. 163.
[14] Hb 4,14
[15] Véase el comentario que realiza JOACHIM JEREMÍAS sobre la exégesis actual del Padrenuestro, en: Abba, El mensaje central del nuevo testamento, pp. 214- 235.
[16] Cf. I. DE LA POTTERIE, op. cit., p. 129-131.
[17] Cf. H. V. BALTHASAR, Teológica, vol. 1, pp. 210-217.
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