Tres purpurados electores y diez no electores
Cuántos cardenales españoles hay hoy: 13+4
"Salir del escenario de la polarización y la necropolítica, para que el voto no sea por odio al otro"
“La representación es lo contrario de la democracia. La democracia está fundada sobre la idea de una competencia igual de todos. La representación es un principio oligárquico. Nuestro sistema electoral es un compromiso histórico entre poder oligárquico y poder de todos. Los tipos de elección y las circunstancias inclinan más o menos la balanza entre los dos.” (Ranciére, 2016)
El tiempo actual está marcado, no sólo en nuestro país, sino en el mundo, por el debilitamiento de la democracia y la tendencia a gobiernos autoritarios. Las elecciones se han convertido en disputas basadas en el odio al otro e impera la necropolítica.
El Ecuador está afectado por una crisis múltiple: económica, con la caída del PIB y la ausencia de una reactivación productiva para crear empleos; social, con la inseguridad y la violencia, que provocan una fuga masiva migratoria; política, con la polarización e ingobernabilidad. En lugar de responder a la pregunta que nos interesa a los ciudadanos: ¿cómo salir de las crisis? Los candidatos pretenden ganar el voto mediante el rechazo al otro aspirante. La democracia es vaciada de su contenido material, de la participación ciudadana con capacidad de decisión, y se produce el desplazamiento a un proceso de control de la población.
Estamos en camino a un Estado de seguridad policial y/o a un Estado maniatado por el narcotráfico y el capital criminal. Los candidatos utilizan la institucionalidad del Estado para sus campañas, el candidato-presidente, el poder ejecutivo; el correísmo, el poder legislativo. La Fiscalía ha entrado como actor electoral. Se mantienen las ofertas populistas para comprar los votos.
El Ecuador parece ausente del mundo, las propuestas son cortoplacistas. A nivel mundial vivimos cambios profundos, civilizatorios, en medio de las guerras, un nuevo orden tripolar, en medio de las transformaciones de la cuarta revolución científico-tecnológica. Pero los programas electorales no señalan el papel que debería asumir nuestro país. Parecería que todo se reduce al miedo al fracaso, a invocar la necesaria inversión extranjera, aún insuficiente, a acudir a las fuerzas militares y mercenarias para que garanticen la seguridad del país.
Las preguntas claves: ¿cómo decidir el voto con responsabilidad?, ¿cómo asumir un voto crítico en medio de esta realidad caótica?
El primer paso, salir del escenario de la polarización y la necropolítica, para que el voto no sea por odio al otro, un voto anti, sino un voto en donde el respaldo a uno u otro candidato sea asumiendo la responsabilidad de lo que queremos sobre el futuro del país.
Para ello, se requiere dar la vuelta a la relación electoral. En lugar de esperar las ofertas de los candidatos y los ataques, la contrapropaganda, las fake news como el mecanismo para decidir el voto, partir de una agenda propia, de las preguntas sobre los problemas fundamentales del país, sobre las necesidades de la gente, sobre la vida digna, la armonía con la naturaleza, el empleo, la salud. Y también asumir la responsabilidad de quienes deciden el voto nulo, no como un rechazo impotente, sino como un camino.
Producir, en comunidad, un voto informado, trazar una cartografía sobre la ubicación política de los candidatos, más allá del discurso polarizante izquierda-derecha. Saber cuáles son los intereses económico-políticos que están atrás. De un lado, qué representa la continuación del poder del emporio Noboa: el modelo de libre mercado financiero-rentista-exportador y el sometimiento al poder norteamericano.
Y del otro, la candidata del correísmo, expresa los intereses de grupos económicos no consolidados, que requieren del Estado para consolidarse, el modelo financiero-rentista, basado en el control del Estado y el alineamiento con los BRICs. Posiblemente, ambos grupos tendrían vínculos con las mafias, promoverían el extractivismo e implementarían diversas formas de autoritarismo.
Mirar el país más allá del 13 de abril, mirarlo a mediano y largo plazo para ver los temas claves en torno a los cuales sea posible impulsar un gran Acuerdo Nacional, políticas de Estado, por encima de los intereses coyunturales de los gobiernos de turno. Esto parece imposible desde la dinámica electoral actual. Se requiere una voz desde abajo y desde afuera de los juegos del poder y que esté iluminada por el mensaje de amor, paz y justicia del Evangelio.
También te puede interesar
Tres purpurados electores y diez no electores
Cuántos cardenales españoles hay hoy: 13+4
Católicos sin hogar, supervivientes del Sodalicio
Regina Laudage-Kleeber: "Vivir la espiritualidad con libertad no es, desde luego, para principiantes"
A. Segal y S. Lebens (eds.), 'The Philosophy of Worship. Divine and Human Aspects'
Lo divino y lo humano en el culto
La economía del Vaticano según León XIV en el libro de Elise A. Allen
León XIV y la economía del Vaticano: "Tenemos que continuar el proceso de reforma que Francisco comenzó"
Lo último
Más allá de la dicotomía entre cuidado y curación.
Dejarse cuidar
Relación histórica y actual entre curar y cuidar.
Curar y cuidar
Sin comunidades alternativas en la periferia no habrá cambios internos. La historia lo demuestra: ninguna estructura se reforma solo por argumentos. Las reformas nacen cuando existen formas de vida creíbles que muestran que otra Iglesia es posible.
Monacato laico: renovar la iglesia dejando atrás una jerarquía enferma