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¿Cómo entender que una niña de seis años tenga que cargar con un sufrimiento así?
En el Evangelio de Marcos, Jesús se inclina sobre una niña que todos creían muerta. La toma de la mano y le dice: “Talita cum”, “Niña, a ti te digo, ¡levántate!”. Es un momento de ternura, poder y milagro. Hoy, cada vez que pienso en Sese, escucho esas palabras retumbando en mi interior. Jesús sigue diciendo: “Niña, ¡levántate!”. Y nosotros seguimos esperando, rezando, confiando, aun cuando el corazón se nos hace pedazos.
¿Cómo entender que una niña de seis años tenga que cargar con un sufrimiento así? ¿Qué clase de plan puede incluir algo tan brutal? Es natural que mi fe tambalee, que me sienta pequeño frente a la magnitud de este dolor. A veces, me siento en la capilla y no sé qué decirle a Dios. ¿Qué le reza uno cuando el alma bastante destrozada?
Y sin embargo, en medio del desconcierto, me aferro. Me aferro al amor infinito que Dios tiene por Sese, por Juan y Titi, por Maru y Alexia, por todos los que hoy sufren con ella. Me aferro al Jesús que llora por su amigo Lázaro, al Dios que no es indiferente al dolor humano. Me aferro a la posibilidad de que este sufrimiento tenga un sentido que hoy no alcanzo a comprender, pero que un día entenderé cara a cara, cuando toda lágrima sea secada por el Señor.
También me aferro a María, nuestra Madre. Ella que sostuvo a su Hijo agonizante en brazos, sabe lo que es ver sufrir a un niño inocente. Ella que guardaba todo en su corazón, también guarda nuestras súplicas por Sese. Le pido que la arrope con su manto, que le diga al oído constantemente que no está sola, que camine con ella en cada tratamiento, en cada noche difícil, en cada esperanza. Que interceda por ella, como solo una Madre puede hacerlo.
No sé por qué Sese está pasando por esto. Pero sé que no está sola. Sé que está rodeada de amor. Sé que Jesús no la suelta de la mano. Y sé que nuestras oraciones, aún cuando sean un susurro débil o un grito de desesperación, llegan al cielo. Por eso rezo. Porque aunque mi fe tiemble, sigo creyendo que el amor es más fuerte que la muerte, y que la última palabra sobre Sese no la tiene el cáncer, sino la vida.
Talita cum, Sese. Jesús sigue pronunciando esas palabras sobre ti. María está a tu lado. Y nosotros seguimos creyendo en el milagro maravilloso de pasar cada día contigo. Si queréis, podéis rezar conmigo. Por ella. Por Sese.
Juanca
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