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El Sínodo de la Amazonía, un acontecimiento apostólico
El Papa Francisco ha convocado un nuevo Sínodo de los Obispos para la región Panamazónica, un lugar al que sólo se ha terminado asociando con el tema ambiental o recursos naturales, mas no así de la otra gran riqueza humana, cultural y espiritual de sus habitantes, a quienes de paso es imposible referir o pensar sin su sincronizada coexistencia con el cosmos amazónico.
Así las cosas el Amazonas no sólo es una región geográfica que agota en lo territorial, sino una manera concreta de vivir y cohabitar con la madre naturaleza. Ese punto distintivo hace de la Amazonía un referente, un modo distinto de vivir la fe cristiana desde las propias condiciones humanas y socioculturales que dan vida y significación a todo cuánto se hace.
El obispo de Roma al llamar a sus pares de la Amazonía les reivindica y afirma en su propia misión de pastores y maestros de la fe, a quienes presidiéndolos en la caridad los llama a examen acerca de cómo es esa caridad, la suprema caridad que se puede tener por otro, la de anunciarle el evangelio (Benedicto XVI), la caridad pastoral, la solicitud por las ovejas, el cuidado del rebaño del Señor.
Ese examen de la caridad pasa por dejar entrever cómo han vivido, viven y pretenden seguir viviendo la fe cristiana. Un espacio de reconocimiento de don de la fe y la espiritualidad como legado ancestral, la lucha por mantener vivo el patrimonio de la fe ligado a la propia vida y las interpelaciones que les plantean el estado de cosas de cara al futuro.
El Sínodo cual verdadero acontecimiento apostólico no hace más que invocar lo más relevante de la vida cristiana, la confesión de la fe y la comunión en esta fe, como dice el apóstol de los gentiles: "Tenemos presente ante nuestro Dios y Padre la obra de vuestra fe, los trabajos de vuestra caridad, y la tenacidad de vuestra esperanza en Jesucristo nuestro Señor." (1Ts 1,3).
Pareciera que no, pero la gentilidad tiene un modo concreto, propio, particular, de vivir, expresar y mantener la misma fe, la de Pedro y Pablo, aunque para algunos los gentiles no podrían hacer galas de su vida de fe.
No sorprende que para algunos el contexto del Sínodo no esté libre de sospechas de herejías y se ciernan sobre el mismo la voces y las alarmas de quienes lo acusan como contrario a la fe revelada, a la doctrina católica y la santa tradición, porque plantearía una seria amenaza a las enseñanza segura dada ya por el magisterio de la Iglesia.
¿No será que se está pasando por alto la condición necesariamente controversial de la fe cristiana?, ¿Qué sería la fe si no una contradicción de lo anterior, como camino de perfección?, ¿Dónde están hoy las banderas discutidas de los creyentes (Lc 2,34)?
Este Sínodo, sin duda, será una espada que dejará al descubierto la verdad de muchos corazones (Lc 2,35b).
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