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La jerarquía "simplemente ha ignorado durante décadas la solución obvia a este problema"
Al coro de voces que en los últimos tiempos se han oído en favor de la ordenación de hombres casados -el cardenal Sako o el arzobispo Scicluna- se ha unido desde otras coordenadas geográficas -como son las de los Estados Unidos- el influyente jesuita Thomas Reese, antiguo editor de la revista America (de la Compañía de Jesús), y quien, en un artículo de opinión en el Religion News Service, ha dejado muy meridiana la suya: "En la Última Cena, Jesús dijo: Haced esto en memoria mía'. Él no dijo: 'Sed célibes'".
"Sin la Eucaristía, parece obvio, no hay Iglesia católica", comienza su reflexión. "Pero según la teología católica, no podemos tener la Eucaristía sin sacerdotes", añade, para señalar que, "lamentablemente, en muchas partes del mundo hay una hambruna eucarística, precisamente porque no hay sacerdotes para celebrar la Eucaristía. Este problema ha persistido durante décadas y no hace más que empeorar".
Echando la vista atrás, reconoce Reese que la jerarquía católica "simplemente ha ignorado durante décadas la solución obvia a este problema", señalando que bajo los pontificados de Juan Pablo II y Benedicto XVI, "se prohibió la discusión sobre sacerdotes casados" y que "incluso el papa Francisco, que expresó su respeto por el clero casado en las iglesias católicas orientales, no respondió positivamente cuando los obispos reunidos en el Sínodo para la Región Pan-Amazónica votaron 128-41 para permitir que los diáconos casados se convirtieran en sacerdotes".
Recordando que en la primera fase del Sínodo sobre la sinodalidad este tema "apenas se mencionó", el jesuita pide que se escuche a los sociólogos, quienes advierten de las causas que influyen en el dramático descenso de las vocaciones sacerdotales y de la alarmante edad media de los que quedan.
"Quienes señalan el continuo aumento de vocaciones en África y Asia necesitan escuchar a los sociólogos. Ya hay menos vocaciones en las zonas urbanas de la India, donde las familias tienen menos hijos y hay más oportunidades de educación disponibles. África y Asia no son el futuro de la Iglesia. Simplemente tardan más en ponerse al día con la modernidad", señala contundente a propósito del recurrente latiguillo del granero de vocaciones en esos continentes para el cristianismo del futuro.
Con todo, reconoce Reese que todavía hay muchos católicos que están dispuestos a asumir esta vocación, "pero la jerarquía dice que no porque quienes se sienten llamados son casados, homosexuales o mujeres". Y aquí introduce otras elemento: "Una encuesta realizada en 2006 por Dean Hoge encontró que casi la mitad de los jóvenes involucrados en la pastoral universitaria católica habían 'considerado seriamente' el ministerio como sacerdotes, pero la mayoría también quiere casarse y formar una familia".
Ante todo ello, Reese aboga por abrir el debate de la ordenación sacerdotal de hombres casados. "No resolverá todos los problemas de la Iglesia, como podemos ver en las Iglesias protestantes", indica, al igual que "permitir que los sacerdotes se casen tampoco es simplemente hacerlos más felices". "Para la Iglesia católica -subraya finalmente- la cuestión es si vamos a tener la Eucaristía o no. En la Última Cena, Jesús dijo: 'Haced esto en memoria mía'. Él no dijo: 'Sed célibes'".
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