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San Agustín es, desde hace muchos años, uno de los puntos de referencia en mi vida y un excelente compañero de camino. En sus obras encuentro la profundidad y belleza de un pensamiento agudo que interroga, reflexiona y motiva.
Creo sinceramente que no se puede hacer teología sin tener en cuenta a San Agustín. Pero me atrae aún más la persona humana; el hecho de que fuera un hombre siempre en estado de búsqueda, sin conformarse, como tantos otros, con una vida mediocre, rutinaria y gris, sin sentido y sin meta. Él anhela y sueña, piensa en grande y vive intensamente. Me atraen muchísimo la coherencia, seriedad e implicación personal con las que vive su fe, su relación con Dios, vibrante y, al mismo tiempo, llena de intimidad y ternura. Cuando me acerco a él lo siento vivo, palpitante en su actualidad, siempre cercano. Procuro que sus palabras y pensamientos alimenten, sobre todo, mi corazón.
"No hay que comenzar por la fe, sino por el amor, porque la "caritas" es más grande y más importante que la 'fides'"
San Agustín no es solo un repertorio de citas afortunadas para adornar discursos, trabajos y homilías: ofrece un exigente plan de vida cristiana. A San Agustín hay que tomárselo en serio. Entonces todo cambia: se convierte en guía seguro, en confidente, en amigo. Porque su búsqueda es la mía, sus esperanzas las mías, su amor el mío. De su mano voy comprendiendo el misterio del amor como clave de la vida humana y, más aún, de la experiencia cristiana. Quien no ama está lamentablemente muerto, del mismo modo está muerta la comunidad que no se fundamenta en el amor. Desde ahí se entiende el objetivo de tener una sola alma y un solo corazón hacia Dios. No hay que comenzar por la fe, sino por el amor, porque la "caritas" es más grande y más importante que la "fides".
"Quien no ama está lamentablemente muerto, del mismo modo está muerta la comunidad que no se fundamenta en el amor"
En estos tiempos de soledad e individualismo, de agresividad y falta de respeto, de ruptura y desunión, de cobardía y hedonismo, San Agustín nos invita, más aún, nos exige autenticidad. Consideremos los feroces enfrentamientos entre cristianos, el clericalismo y el carrerismo, la pérdida de la fuerza evangelizadora, la aceptación de las sangrantes injusticias, la búsqueda de seguridades mundanas, el miedo y el repliegue ante lo que cuestiona, sacude e intranquiliza. Reflexionemos sobre el escándalo de unas comunidades cristianas que no viven la comunión porque no son capaces de abrirse al amor, que hacen de la Eucaristía sopor y rutina porque no se encuentran con Cristo vivo, que no son significativas porque no son coherentes. Escuchemos a San Agustín, dejemos que acompañe nuestra necesaria renovación, nuestra urgente reforma.
"Reflexionemos sobre el escándalo de unas comunidades cristianas que no viven la comunión porque no son capaces de abrirse al amor, que hacen de la Eucaristía sopor y rutina porque no se encuentran con Cristo vivo, que no son significativas porque no son coherentes. Escuchemos a San Agustín, dejemos que acompañe nuestra necesaria renovación"
Santo Padre Agustín, maestro y amigo, compañero de tantos años: que sepa abrirme a la gracia de Dios, responder a la llamada de Cristo, ser dócil a la fuerza del Espíritu. Que no ponga obstáculos ni busque excusas. Quiero vivir intensamente, con generosidad y alegría, en verdad, amor y libertad: cada hora, cada instante de mi vida. Ayúdame. En Cristo somos, a Cristo vamos. Amén
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