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Realidad de las comunidades más pobres de Honduras
Es gratificante ver cómo la realidad es transformada por los mensajeros del Señor. Realidades como la pobreza, desigualdad y falta de oportunidades que son muy comunes en Honduras, corazón geográfico de América. Esos mensajeros tienen nombre: José Vivancos Gallegos y Mateo Clares Sevilla, Presbíteros de Murcia, España que dejaron su familia y su tierra por venir a sumergirse en esta profundidad social de Honduras. En especial, las Parroquias de San Juan Bautista y San Antonio de Padua en la Diócesis de San Pedro Sula, dos parroquias con un contraste social muy fuerte.
Ante las realidades de las familias en la dimensión del sufrimiento humano, la carencia de alimentos, la ausencia de educación y servicios básicos insatisfechos para la dignidad humana, el evangelio entró de forma renovada por medio de la promoción y desarrollo centrado en la persona humana. Se concretizó en la atención a la infancia con programas de alimentación escolar, desarrollo agrícola para las familias que por su vocación necesitan volver al campo y producir la tierra, construcción de viviendas por la gran necesidad de techos dignos...
Y enfatizando el apoyo a la educación en los tres niveles: primaria, secundaria y universitaria. Se fortaleció el nivel primario y secundario con lo necesario para el funcionamiento y aprovechamiento básico de los niños, niñas y adolescentes. En lo universitario se facilitaron los medios para que jóvenes provenientes de familias campesinas (hombre y mujeres) accedieran a la educación universal en las distintas ramas de las ciencias humanas.
Como pastores, grandes promotores vocacionales por naturaleza, e inspiradores de caminos de esperanza, que apostaron por mejorar los contextos de pobreza de las familias desde las comunidades. Podemos decir con fuerza que el evangelio está presente en cada familia, en los jóvenes. En una zona apartada de las grandes concentraciones humanas en Honduras, que a pesar de la pobreza que experimentan no pierde las esperanzas y tiene su plena confianza en Dios. Con una idea de Dios es muy simple y sencilla; pero son comunidades llenas de fe y con abundante solidaridad que las hace fuertes ante las distintas eventualidades que se presentan en el día a día.
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