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"El Evangelio no pertenece a los poderes establecidos, sino a quienes arriesgan y crean"
La historia del cristianismo, como la de tantas instituciones humanas, ha sido siempre una tensión entre quienes buscan conservar el poder y quienes sueñan con renovar la fe. Entre retrógrados y reformadores se ha escrito la trama de los siglos. Lo mismo podría decirse de la política, la educación o la ciencia: siempre hay quienes levantan muros y quienes abren caminos. En este contexto y dada la actual crisis de las instituciones religiosasy cristianas, la pregunta salta a la vista: ¿Cuál será la forma pública del cristianismo en el futuro?
Redes Cristianas, que va a cumplir 20 años en 2026, quiere celebrar su aniversario lanzando un concurso con una invitación a toda persona, comunidad o colectivo, interesados ,a responder por escrito a dicho interrogante. (Las bases del concurso pueden consultarse en su propia web redescristianas.net: I Premio Redes Cristianas: “Atrévete a Soñar”).
Lejos de los centros de poder, este movimiento cristiano se define como Iglesia en la Periferia, comprometida con los últimos y abierta a un proceso constante de renovación. Como escribió Miguel de Unamuno: “La tradición no se hereda, se conquista”. Y es esa conquista la que hoy vuelve a ponerse en juego.
Frente a la uniformidad de la iglesia jerárquica, este movimiento se reconoce en la pluralidad de voces y en la riqueza de lo comunitario.
A diferencia de las estructuras rígidas, Redes Cristianas se configura como una red con más de 200 grupos: comunidades de base, parroquias, congregaciones, colectivos de espiritualidad y asociaciones teológicas. Su forma de organizarse es profundamente democrática, participativa e inclusiva.
No hay una voz única ni un pensamiento impuesto: lo específico aquí es la escucha, la diversidad y la vida comunitaria. Como reza la experiencia: “En la diversidad está nuestra riqueza”. La fuerza de la fe no reside en los templos de piedra, sino en las comunidades vivas que se atreven a ser, cada cual en su contexto,fermento en la masa.
En contraste con los modelos autoritarios, Redes Cristianas muestra que otra forma de Iglesia es posible: una Iglesia en red, que avanza a partir de la confianza mutua. Como decía Ortega y Gasset: “El pasado no nos dirige, nos empuja”. La historia no es un peso muerto, sino un impulso para nuevas formas de ser Iglesia.
Lo que distingue a esta red de comunidades es su opción clara por los más vulnerables, que no es un gesto voluntarista, sino la esencia misma del Evangelio.
Desde sus inicios, Redes Cristianas ha situado en el centro de su práctica a las clases más desfavorecidas: migrantes, trabajadores precarios, mujeres discriminadas, Top Manta, LGTBI+. No es una estrategia social, sino una convicción teológica: el Evangelio se anuncia desde abajo.
Así lo recordó el papa Francisco: “Prefiero una Iglesia accidentada, herida y manchada por salir a la calle, antes que una Iglesia enferma por el encierro y la comodidad” (Evangelii Gaudium, 49).
También G. K. Chesterton, con ironía profética, escribió: “El cristianismo ha muerto muchas veces, pero ha resucitado de nuevo porque tenía un Dios que sabía cómo salir del sepulcro” (cfr. El hombre eterno (2004), Ediciones Cristiandad. p. 323). La historia enseña que los intentos de domesticar la fe acaban fracasando; lo que sobrevive es la fuerza liberadora del Evangelio, especialmente en los pobres.
Lo que hoy se vive en la Iglesia no es nuevo. Es el reflejo de la misma dialéctica que atraviesa todas las instituciones: los guardianes del pasado frente a los buscadores de futuro.
Desde los primeros concilios hasta las reformas del Vaticano II, la Iglesia ha sido siempre escenario de debates entre quienes resisten el cambio y quienes lo impulsan. Lo mismo ocurre en la universidad, en la política o en la cultura: la tensión entre inmovilismo y creatividad atraviesa a toda sociedad.
Desde los primeros concilios hasta las reformas del Vaticano II, la Iglesia ha sido siempre escenario de debates entre quienes resisten el cambio y quienes lo impulsan. Lo mismo ocurre en la universidad, en la política o en la cultura: la tensión entre inmovilismo y creatividad atraviesa a toda sociedad
En palabras de Antonio Machado: “Caminante, no hay camino, se hace camino al andar”. Esa es la convicción de Redes Cristianas: que el cristianismo del futuro no está escrito, sino que se construye día a día, con pasos pequeños y comunitarios.
En este aniversario, Redes Cristianas recuerda que el Evangelio no pertenece a los poderes establecidos, sino a quienes arriesgan y crean. Una Iglesia inmóvil se parece demasiado a un museo; una Iglesia viva se parece más a una plaza abierta donde todos pueden entrar, caminar y hablar.
El aniversario no es un punto final, sino un comienzo. Y la pregunta sigue abierta: ¿qué cristianismo queremos construir?
Redes Cristianas lanza una invitación clara: escribir, reflexionar y proponer respuestas a la gran cuestión planteada. No se trata de un ejercicio académico, sino de un gesto pedagógico,imaginativo y comprometido.
El Evangelio lo recuerda con imágenes sencillas: “No se enciende una lámpara para ponerla debajo del celemín, sino sobre el candelero, y alumbra a todos” (Mt 5,15). Cada texto, cada testimonio, cada experiencia puede ser esa lámpara que ilumine un camino común.
Celebrar 20 años de andadura es, para esta red, abrir una conversación que trascienda fronteras y generaciones. Porque el futuro del cristianismo no se decidirá en los despachos, sino en las periferias, allí donde se vive con esperanza y donde, todavía hoy, resuena con fuerza la Buena Noticia.
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