Tres purpurados electores y diez no electores
Cuántos cardenales españoles hay hoy: 13+4
"Procesionar en común-unión es peregrinar en compañía del evangelio"
En el marco social y religioso que se vive por nuestros pueblos y ciudades en los que las procesiones se hacen “el pan nuestro de cada día”, a la vez que de cada noche y de la “madrugá”, la reflexión sobre las mismas es de agradecer, desde cualquiera de las perspectivas que se elijan.
La definición de “procesión” nos es servida oficialmente como “sucesión de personas que caminan lentamente y de forma solemne y ordenada por un motivo religioso portando una imagen”. En el contexto popular, tan santo o más que el litúrgico, el término procesión se aplica también a “cualquier formación o hilera de personas quienes, unas tras otras, y con lentitud, se dirigen a un lugar determinado”.
Toda procesión presupone y exige la existencia, presencia y colaboración de un grupo de personas. Procesión y común-unión sugiere comulgar entre sí y conjuntamente, en dirección hacia la meta o destino que justifica su organización, preparativos para ello , así como la aportación y actualización de los medios para conseguirlo. Toda procesión es obra comunitaria, de todos y para todos.
Las de tipo religioso, más cercanas a esta reflexión, por reclamo, llamada o vocación de “Cofradías o Hermandes”, da por supuesta la inexistencia de la autoridad en su concepción del ”¡ordeno y mando¡”, suplida amplia y generosamente por la de la igualdad y la fraternidad. El capirote o cucurucho, de idéntica factura y color, borra y extingue cualquier vanidad o distinción vigente y operante en la vida cívica, social o profesional y más, en la religiosa. La referencia noticiosa a la presidencia de “autoridades militares, civiles y religiosas” carece de sentido en las procesiones semanasanteras y en cuantas se organicen a propósito de los acontecimientos en los que el pueblo-pueblo es el protagonista verdadero.
Por fin, y gracias sean dadas a Dios, a la Virgen, a los santos y a algunos curas sensatos, las discriminaciones sufridas por la mujer, a las que por serlo, se les impedía formar y tomar parte activa en las procesiones, les han sido abiertas, como corresponden y requieren los tiempos y la fe, como “Dios manda” y sin haber sido manipulada para ello la que se decía ser “la voluntad del Señor”, a consecuencia de enfermizas misoginias clericales. En las procesiones, tanto religiosas como civiles, hombres y mujeres se hermanan y confraternizan virtuosamente y no como establecieron los cánones y la Liturgia.
En las procesiones destaca el silencio que rodea y envuelve a los participantes. Y es que, como lección de vida que pretenden ser, el silencio, la meditación, la formalidad, la soledad en compañía, el recogimiento y el alejamiento de cuanto pueda distraer, son condiciones prioritarias para poder andar y defenderse por la vida tanto personal como colectivamente, en familia, en la comunidad vecinal y en la parroquial.
Es de destacar también que quienes procesionan, suelen ser portadores de velas encendidas como otros tantos signos de vida, de iluminación para sí y para los demás, de claridad y ejemplaridad cívica y cristiana. Y es que todos los caminos, para que no confundan sino que a conduzcan siempre a los destinos propuestos, deseados y previstos, precisan luz, aun cuando a esta puedan apagarla determinadas e imponderables circunstancias, dado que la humildad, y la humanidad han de acompañar todos y cada uno de los “pasos”.
La procesión, por lenta que sea el ritmo de la marcha, de por sí y por definición camina y hace caminar hacia adelante. El atrás no es posible en su organización, proyecto y ejecución. Lisa y honradamente, la vida es así. También y de modo especial la relacionada más directamente con la religión.
La Iglesia no es ni solo ni absurdamente un “antes” o un ayer. Es un “mañana” o un después. “Mañanear” es verbo, actitud y actividad eminentemente religiosa, ideado y estimulado su uso por el mismo evangelio al dictado de Jesús. Mirar hacia atrás y asimismo intentar justificarlo como “palabra o voluntad de Dios”, no es congruente ni cristiano.
A la Iglesia jamás le estará permitido “perder el tren de la historia”. Tal pérdida sería y es, pecado grave. La “audacia” y los “líos” se corresponden con la terminología teológico-pastoral del papa Francisco y de cuantos devotos “franciscanean” en el lenguaje y comportamiento del de Asís. “La Teología debe contemplarse, estudiar y vivirse como un valiente, necesario y sin precedentes, impulso hacia el futuro”.
Procesionar hacia la reforma de la Iglesia es peregrinar en compañía del evangelio como guía, dejando de lado, compasiva y misericordiosamente, a quienes se instalaron en privilegiadas situaciones y dignidades jerárquicas, sirviéndose precisamente del pueblo y no como sus servidores.
También te puede interesar
Tres purpurados electores y diez no electores
Cuántos cardenales españoles hay hoy: 13+4
Católicos sin hogar, supervivientes del Sodalicio
Regina Laudage-Kleeber: "Vivir la espiritualidad con libertad no es, desde luego, para principiantes"
A. Segal y S. Lebens (eds.), 'The Philosophy of Worship. Divine and Human Aspects'
Lo divino y lo humano en el culto
La economía del Vaticano según León XIV en el libro de Elise A. Allen
León XIV y la economía del Vaticano: "Tenemos que continuar el proceso de reforma que Francisco comenzó"
Lo último
La sabiduría del corazón
Corazón pensante para humanizar
Cuidar cuando no se puede curar
Nunca incuidables
Morir humanamente, morir acompañado
Morir con dignidad
Sanar, acompañar, humanizar
Medicina y cuidado