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"¿Por qué los laicos están y se sienten tan preteridos por su propia jerarquía?
A las personas, al igual que a los colectivos y a los pueblos, los definen las preguntas. Tanto las que se hacen, como las que no, porque no les dejan, por desidia o desinterés y, sobre todo, por miedos. Sin preguntas no hay “tú”, ni “yo”, ni “nosotros”, “vosotros” o “ustedes”, convivencia y ni siquiera vivencia.
Por supuesto que tampoco “Iglesia”, dado que esta es pregunta por definición “por esencia, presencia y potencia”, en conformidad con la doctrina cristiana y el Evangelio.
Y de la letanía de preguntas “religiosas” que emanan de los fontanares del “Credo”, de su praxis y aplicación mediante los sacramentos, “sacramentales“ y artículos y cánones de la Liturgia, a título de curiosidad santa y adoctrinadora, aquí y ahora subrayo algunas de las más frecuentes y con mayor necesidad de ser salvíficamente respondidas por la Teología y el Evangelio, la lógica y el sentido común.
¿Cómo es posible asumir con tranquilidad de conciencia, que desoladoras noticias de muertes de tantas mujeres que día a día se registran con el diagnóstico de “por violencia machista”, la Iglesia –“Nuestra Santa Madre la Iglesia”- siga estando, implícita y hasta explícitamente, ajena a tal desvarío, al no rechazar y anatematizar la desigualdad de derechos y deberes entre los sexos -masculino y femenino-? ¿En qué argumentos, que no sean los estrictamente disciplinares, pueden basarse los defensores de tamaña e injusta desventura contra lo humano y lo divino?.
Con todos los “placet” más elementales para mantener la convivencia, y más la eclesial, ¿dónde se sitúa la novedad –“noticia buena”- del reconocimiento jerárquico de que “los obispos están para servir, y no para servirse de su cargo-ministerio”, para el que fueran nombrados -que no elegidos-, “como Dios manda”, aunque en el Código de Derecho Canónico no se haya planteado todavía, exigir la intervención democrática del pueblo?
¿No extraña y sorprende el titular periodístico extraído de las declaraciones de miembros de la jerarquía en sus más altos dicasterios romanos, de que, por fin, “hay que cambiar el lenguaje y ajustar las formas pastorales a las exigencias de los tiempos”?
Financiados por la CEE. -Conferencia Episcopal Española- sus medios de comunicación oficial, como LA COPE y LA TRECE, ¿resultará mínimamente coherente identificarlos en exclusiva y fervorosamente con los postulados, eslóganes y procedimientos en defensa de grupos y grupúsculos –“sectas”- afines a los ubicados en las derechas y ultraderechas con sus respectivas siglas políticas?
¿Caben en estos ideas “conciliares” y “franciscanas”, como las de pobre, fraterna, sencilla, generosa y alegre”, por citar definiciones pontificias recientes y primaverales?
¿En qué colectivo, organización e institución, que no sea la “santa Iglesia católica, apostólica y romana”, los laicos están, y se sienten, tan preteridos por su propia jerarquía, hasta el punto de que, pese a ser desbordada mayoría, ellos y ellas - las “laicas”-, apenas si sean tenidas en cuenta, no solo en esta vida, sino en la “otra”?
¿Para cuándo y cómo, la toma de conciencia jerárquica que, así las cosas, la Iglesia -esta Iglesia-, se acaba, tal y como lo deploran las estadísticas, con argumentos contundentes e inexcusables cercanos a la “infalibilidad”, al menos sociológica?
¿Es preferible y deseable que se siga impartiendo la Religión como asignatura pre y anti conciliar, en los centros educativos oficiales, a que esta, con su forma, pedagogía y parte de su contenido, se silencie y desaparezca del organigrama?
¿Qué impide haber tenido que llegar a la infeliz y atea conclusión de que, en la práctica eclesiástica, no tiene cabida ni teológica ni pastoral una estructura vertical y totalitaria, distinta a la que hoy preferentemente define tan sagrada institución, con todas sus consecuencias y además “en el nombre de Dios”?
No obstante, consuela, estimula y alienta descubrir que, de vez en cuando y aun cardenaliciamente se nos adoctrina e ilustra con el símil evangelizador de que “la caja de cambios de velocidades del motor del Espíritu Santo carece de retroceso”.
¿Decrecerá la presencia frecuente de cardenales, arzobispos, obispos, monseñores y otros miembros del “Alto y Bajo Clero”, en actos y celebraciones “religiosas”, y poco menos que a título irreverente de objeto-sujeto de lujo litúrgico, sin escatimar brazadas de ostentosos ornamentos sagrados, títulos y “palios”, conforme a las “tasas” correspondientes establecidas en los Boletines Oficiales de las respectivas diócesis?
Consciente el Episcopado Español -CEE- de haber sido y ser el obstáculo principal de la no venida pastoral del papa Francisco a España, a consecuencia de la disconformidad con el mismo, ¿le reclamará un día el pueblo fiel alguna explicación, al haberlo privado de cuantas gracias y dones pastorales suele conllevar tal visita?
Sí, denodado, urgente, evangélico y certero acuerdo con el “¡váyase, señor Catalá!”, dejando de escandalizar a la Iglesia en las partes más sensibles y vulnerables de su Cuerpo Místico…¡ ¿Pero qué hacer con quienes posibilitaron y promocionaron este, y tantos otros nombramientos episcopales, con mención irreverencial para el Nuncio de SS. y sus adláteres, servidores de paganos conservadurismos?
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