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"Hay que tener muy claro que el Creador dio a la naturaleza sus propias leyes"
Hace muchos siglos Israel, pueblo elegido de Dios, se moría de sed en el desierto y murmuraba contra Yahvé. Él que lo había liberado de la esclavitud de Egipto, y aquellos hombres llegaron a preguntarse: “¿Está o no el Señor en medio de nosotros?” (Ex 17,7). Ahora también nosotros nos encontramos en una situación limite, y surgen dudas e interrogantes por todos sitios: Si Dios existe y es tan bueno: ¿Qué gana con esta pandemia mundial que mata a tantas personas inocentes? ¿Tan horrendos son nuestros pecados que merecemos tal castigo?
En clave cristiana se comprende que los seres humanos nos revelemos ante muchas cosas que no comprendemos del Buen Padre Dios. Sin embargo, hay que tener muy claro que el Creador dio a la naturaleza sus propias leyes. Y aunque estemos en el siglo XXI y los avances científicos se presenten como si no tuvieran límites, la triste realidad de cada día nos dice que no todo se puede explicar en esta vida y que hay cuestiones que sobrepasan a la inteligencia humana.
Por otro lado, el hombre no es una marioneta de Dios, hemos sido creados libres y sujetos a la propia razón. Dice san Agustín: “Dios que te creo sin ti, no te salvará sin ti”. Podemos ser “ángeles” o “demonios”, constructores de la paz o señores de la guerra.
La ciencia no es ni puede ser una amenaza a la fe en un Dios personal, creador y redentor del hombre: Jesucristo. En su Evangelio vemos como perdona los pecados, cura a los enfermos, da de comer a los hambrientos y hace resucitar a los muertos. El poder de Dios se mostró sobremanera resucitándolo de entre los muertos y dándole el señorío sobre todo lo creado.
Se dice de Jesús que pasó por esta vida haciendo el bien, luego no puede querer este flagelo de la pandemia del coronavirus. Él puede cambiar el curso de la historia e iluminar las mentes de los científicos para que encuentren las vacunas necesarias. Como Señor de la salud y de la vida puede sanar a tantos afectados y conceder vida eterna a los miles de fallecidos. Mientras tanto, en este tiempo calamitoso, hagamos lo que el Señor nos dijo: “Pedid y se os dará, buscad y encontrareis, llamad y se os abrirá; porque todo el que pide recibe, quien busca encuentra y al que llama se le abre” (Mt 7,7-9).
+ Juan del Río Martín
Arzobispo Castrense de España
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