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Hoy nos reunimos con un mismo sentir, con una misma voz y con un mismo propósito: decir NO a la discriminación, NO a la exclusión y NO al rechazo en cualquiera de sus formas. Estamos aquí porque creemos en un mundo donde nadie sea señalado, excluido o maltratado por su origen, su manera de ser, su orientación o cualquier otra diferencia.
Nos encontramos aquí para alzar la voz en contra de los señalamientos y prejuicios que se manifiestan día a día entre nuestros vecinos, para decirle al mundo que en nuestras parroquias, comunidades y pueblos no hay lugar para la discriminación.
En pleno siglo XXI, es inaceptable que sigamos enfrentándonos a juicios de valor y se nos pida ocultar quienes somos. Vivimos en tiempos donde la inclusión debería ser la norma, y sin embargo, algunos se empeñan en insultar y dividir en lugar de construir puentes de amor y respeto. Queremos dejar en claro que ese no es el camino. La violencia verbal y los insultos no tienen cabida en una comunidad que se esfuerza por ser un reflejo del amor incondicional que Dios nos tiene.
A todos aquellos que, en lugar de unir, buscan desunir, les decimos: BASTA YA, ES HORA DE CAMBIAR. Los que deben ser puente entre las personas, dejen de ser causa de separación. Busquemos juntos el camino hacia la inclusión, la comprensión y el respeto, reconociendo que cada uno de nosotros es una parte vital de este hermoso entramado de vida.
Gracias de corazón a cada persona que ha decidido unirse a esta concentración, a este llamado por una parroquia libre de discriminación. Vuestra presencia es un testimonio poderoso de que estamos listos para transformar nuestras comunidades, para reemplazar los prejuicios por abrazos y la intolerancia por la solidaridad. Hoy demostramos que no estamos solos, que somos muchos los que soñamos con una comunidad más justa, más amorosa y más inclusiva.
Hoy levantamos la voz, hoy decimos basta a los señalamientos, basta a los insultos y basta a las divisiones. Hoy, en el nombre del amor y de la justicia, reafirmamos que en nuestras parroquias y en nuestros pueblos no hay espacio para la exclusión, sino solo para la unión, la empatía y la inclusión.
Sigamos adelante con este compromiso. Que nuestras palabras se traduzcan en acciones diarias y que en cada gesto, en cada conversación y en cada decisión, reflejemos el amor de Dios, que nos quiere a todos por igual.
¡Por unas parroquias libres de discriminación! ¡Por un mundo donde reine el amor, la inclusión y el respeto! ¡No a la exclusión, sí a la acogida!
Gracias a todos por venir.
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