Tres purpurados electores y diez no electores
Cuántos cardenales españoles hay hoy: 13+4
El Papa, contra la industria de las armas
«Quiero evidenciar la hipocresía de hablar de paz y jugar a la guerra. En algunos países donde se habla mucho de paz, las inversiones que más rinden son las de las fábricas de armas. Esta hipocresía nos lleva siempre al fracaso. Al fracaso de la fraternidad, al fracaso de la paz». Las palabras pronunciadas por el Papa Francisco el pasado 25 de noviembre para celebrar el 40 aniversario del tratado de paz entre Argentina y Chile que cerró la disputa por el Canal de Beagle encuentran una nueva trágica confirmación en los datos difundidos en estas horas por el Sipri (Stockholm International Peace Research Institute): la industria armamentística sigue creciendo, los ingresos aumentaron el año pasado un 4,2% hasta los 632.000 millones de dólares (+ 19% desde 2015). Desgraciadamente es bien sabido a qué otros datos está conectado este crecimiento: el número de muertos y heridos militares y civiles, las ciudades destruidas, los desplazados, el futuro robado a generaciones de jóvenes, la devastación medioambiental.
Llama la atención, en las palabras del Obispo de Roma, esa referencia: «jugar a la guerra». Si las guerras se plantean, a nivel mental, como una especie de «juego», ya sea político o militar, es señal de que se ha perdido la voluntad de llegar a la raíz de los conflictos. Se ha perdido la voluntad de comprender sus causas para intentar remediarlas. Es señal de que se ha perdido el valor de la paz, la importancia del diálogo y la negociación para resolver las disputas. Además, el juego implica habitualmente competición, con un ganador y un perdedor, lo que está muy bien si se trata de una partida de tenis o de ajedrez. Pero si los que «juegan a la guerra» son los Estados, lo que se contradice es la idea misma de la fraternidad humana y el derecho internacional.
Poniendo en evidencia la hipocresía de quienes quieren sacar provecho de la guerra, sin tener en cuenta las catastróficas consecuencias, el Papa Francisco hace un apremiante llamamiento a la conciencia de los responsables políticos y a la de todos. Les pide que dejen de hacer negocio a costa de los demás, a costa de la paz y, por tanto, a costa de los más débiles y de la humanidad entera.
Dios quiera que la Comunidad Internacional haga prevalecer la fuerza del derecho a través del diálogo, porque el diálogo debe ser el alma de la Comunidad internacional
Es un llamamiento profundamente espiritual, que necesita la intensa oración de toda la Iglesia, especialmente en este tiempo de Adviento, para pedir al «Príncipe de la Paz» que inspire pensamientos, palabras y sobre todo acciones que permitan vivir la vida política internacional con seriedad, sabiendo mirar más allá, pensando en el futuro, en las nuevas generaciones. Conscientes de que nuestro mundo necesita urgentemente «honorables compromisos» - como el que se firmó entre Argentina y Chile con la mediación del Vaticano hace cuatro décadas - y no de «juegos de guerra» de los prepotentes: «Dios quiera que la Comunidad Internacional haga prevalecer la fuerza del derecho a través del diálogo, porque el diálogo debe ser el alma de la Comunidad internacional».
También te puede interesar
Tres purpurados electores y diez no electores
Cuántos cardenales españoles hay hoy: 13+4
Católicos sin hogar, supervivientes del Sodalicio
Regina Laudage-Kleeber: "Vivir la espiritualidad con libertad no es, desde luego, para principiantes"
A. Segal y S. Lebens (eds.), 'The Philosophy of Worship. Divine and Human Aspects'
Lo divino y lo humano en el culto
La economía del Vaticano según León XIV en el libro de Elise A. Allen
León XIV y la economía del Vaticano: "Tenemos que continuar el proceso de reforma que Francisco comenzó"
Lo último
Más allá de la dicotomía entre cuidado y curación.
Dejarse cuidar
Relación histórica y actual entre curar y cuidar.
Curar y cuidar
Sin comunidades alternativas en la periferia no habrá cambios internos. La historia lo demuestra: ninguna estructura se reforma solo por argumentos. Las reformas nacen cuando existen formas de vida creíbles que muestran que otra Iglesia es posible.
Monacato laico: renovar la iglesia dejando atrás una jerarquía enferma