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Carta Abierta al XIII Coloquio Abierto del Foro de Curas de Madrid
Decía Teilhard de Chardin que lo difícil no es resolver un problema; lo verdaderamente difícil es plantearlo bien. Me ha recordado esa frase lo que decís de vuestro pasado encuentro de febrero, en el que quisisteis responder a la pregunta de si «tiene la Iglesia libertad para actualizarse»: aunque «parecía obvio que había que contestar ‘sí’», se vio que «la cosa no es tan sencilla». ¿Por qué? Porque a esa pregunta, decís, «subyace el problema teológico de la Revelación».
Es decir: aquella pregunta sobre la libertad de la Iglesia para actualizarse había que plantearla en un contexto más profundo: el de sus problemas teológicos subyacentes. Tenía razón Teilhard.
Ahora bien, con la apelación a la Revelación la cosa sigue difícil, porque, «¿puede la Iglesia en torno a los asuntos de los que Dios ha hablado en el pasado decir algo distinto porque se han quedado anticuados?». De nuevo: si no planteamos de otra manera la cosa, el problema no se puede resolver. Y de hecho, dais por hecho que no se puede afrontar en directo, y apostáis por un rodeo: «estar atentos también a los signos de los tiempos», tema muy conciliar.
Entrando por esa «puerta entreabierta», decís, tal vez sea «posible» una «actualización en la Iglesia» (en su dogmática, moral, liturgia, institución… os atrevéis a concretar), y anunciáis que es lo que vais a debatir en el Coloquio Abierto de este lunes. Excelente.
¿Servirá el atajo de los signos de los tiempos? Los abordados por la Gaudium et Spes son de hace 60 años… La meteorología, aun la soteriológica, es mucho más fugaz.
Dais un salto, y cambiáis la pregunta: ¿cabe una posición intermedia entre la de los que piden «recuperar el Evangelio», y la de quienes -decís- «quieren cambiar el propio Evangelio»? En realidad este nuevo problema no queda ni mínimamente planteado, empezando por los propios términos adoptados. Pienso que aquí también, «la cosa no es tan sencilla», y que también hay ahí «problemas teológicos subyacentes», que habría que plantear bien.
En definitiva, vuestra comunicación es una metáfora viva de lo que nos ocurre en la Iglesia: todos percibimos que esto no va, y todos vemos que el debate no se puede hacer superficialmente, sino planteándolo bien y afrontando los «problemas teológicos subyacentes». Pero no se abordan. No se puede. ¿Podrá siquiera la Iglesia actualizarse? ¿No lo dijo ya Dios todo? ¿Es compatible ser fiel al Evangelio y serlo a los signos de los tiempos?
Esto se llama impasse. Los problemas están, y son graves. Pero no se resuelven porque no se puede plantearlos con radicalidad (desde las raíces, desde las capas subyacentes) que, tácitamente, no puede tocar.
Me temo que el Coloquio Abierto se os agote en el fatigoso trabajo de la redacción colectiva de la carta al obispo. Pero os felicito por haber compartido públicamente vuestro debate. ¿Qué mensaje tenéis para los que piensan que la Iglesia no tiene capacidad (no digo libertad) para actualizarse? Cada vez son menos los que tienen esperanza en la Iglesia, pero no deberíamos acostumbrarnos.
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