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"La Iglesia católica mantuvo a Valverde en el equipo de colaboradores a pesar del revuelo causado con su dimisión"
El poeta José María Valverde logró hacer compatible su frontal oposición al franquismo con sus colaboraciones en la renovación de los textos bíblicos y litúrgicos impulsada por la Iglesia española en los años sesenta, a raíz de que el Concilio Vaticano II (1962-1965) ordenara que la liturgia pasara a desarrollarse en lengua vernácula.
En España, la mencionada labor se encargó a Luis Alonso Schökel, en 1963. El hebraísta reunió a un equipo de traductores entre los que incluyó, como único laico, a Valverde, que ya tenía experiencia de traducción bíblica previa: Las buenas noticias del reino de Dios. Los cuatro Evangelios (1960), en colaboración con José Ramón Díaz, y el Nuevo Testamento (1966), revisado por Alonso Schökel.
Este es uno de los aspectos que se subraya en el trabajo “El poeta José María Valverde como traductor bíblico: una aproximación en su entorno histórico e ideológico”, que ha publicado Pablo Núñez Díaz, profesor de Literatura española de la Universidad de Oviedo, en el libro colectivo La escritura literaria y la escritura traducida, coordinado por Carmen Cuéllar Lázaro y Miguel Duro Moreno en Peter Lang, una de las editoriales de mayor impacto académico internacional.
La consulta de los informes del Gabinete de Enlace, conservados en el Archivo General de la Administración, revelan que José María Valverde (Valencia de Alcántara, 1926-Barcelona, 1996) preocupó a la dictadura al menos desde 1962, un extremo que se intensificó cuando el intelectual hizo pública su renuncia a su Cátedra de Estética de la Universidad de Barcelona en solidaridad con José Luis López Aranguren, Enrique Tierno Galván y Agustín García Calvo, en agosto de 1965, una renuncia que alcanzó en repercusión en la prensa internacional.
Como afirma Núñez Díaz, “en las celebraciones religiosas, el propio Franco y su gobierno, sin saberlo, escucharon o leyeron fragmentos bíblicos, o repitieron oraciones u otras fórmulas, en cuya traducción había participado un intelectual que se oponía al franquismo”.
La Iglesia católica mantuvo a Valverde en el equipo de colaboradores a pesar del revuelo causado con su dimisión y autoexilio en Estados Unidos y Canadá, lo que el investigador de la Universidad de Oviedo explica en el marco de las fricciones que se produjeron entre Franco y la Iglesia en los años sesenta, y, sobre todo, a partir de 1969. En 1975, año de la muerte del dictador, vio la luz otro importante proyecto con participación del poeta: la Nueva Biblia española, dirigida por Luis Alonso Schökel y Juan Mateos, en la que Valverde colaboró en las traducciones que Schökel hizo de los doce profetas menores —salvo Oseas— y de Proverbios.
Valverde fue un traductor muy prolífico, que vertió a nuestra lengua obras como el Ulises de Joyce, o la poesía reunida de T. S. Eliot, por poner solo dos ejemplos. Como se afirma en el mencionado estudio, su condición de traductor de la Biblia “pudo ser percibida por los lectores de su obra poética y ensayística como un elemento que enfatizaba todavía más su preocupación religiosa y que suponía una estrecha colaboración eclesial”. En este sentido, la defensa explícita del comunismo en los últimos años de su vida, cuando ya no colaboraba en las traducciones litúrgicas, pero sí en la Biblia del peregrino (1993), de Alonso Schökel, “hizo todavía más evidente la complejidad ideológica de Valverde”.
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